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Actualizado 5:30 p.m. hora local
Nuevos estudios en Comunidad Aborigen holguinera
FROILÁN PARRA SUÁREZ Y JUAN PABLO CARRERAS
(FOTOS)
CHORRO DE MAÍTA, BANES.— Si estuviésemos en El
Cairo, probablemente hubieran sido tildados de profanadores de
tumbas, y seguro no faltaría Indiana Jones y su inseparable sombrero
en su hollywodesco afán por salvar la historia.
Arqueólogos
de la Universidad de Alabama en plena tarea.
Pero no es el antiguo Egipto, ni ellos son
buscadores de tesoros; sino arqueólogos cubanos y norteamericanos
que realizaron, durante casi un mes, excavaciones en esta zona del
Cerro de Yaguajay, con el objetivo de profundizar en la cultura de
los grupos agroalfareros o Taínos, asentados en el territorio donde
se encuentra actualmente uno de los cementerios aborigen mejor
conservados del Caribe.
La delimitación de áreas de residuales y una zona
de fogón, con restos de una pequeña vasija que presupone el empleo
de sustancias para rituales, se encuentran entre los significativos
hallazgos de la segunda expedición arqueológica en Chorro de Maíta.
Los
investigadores cubanos y norteamericanos profundizan en el estudio
de las comunidades agroalfareras que habitaron la región nororiental
de la Isla.
Los investigadores buscan enriquecer la
información sobre el conocido asentamiento de agricultores y
ceramistas, próximo al polo turístico de Guardalavaca, con el fin de
profundizar en el conocimiento sobre las costumbres alimenticias, la
vinculación con el ambiente, entre otros aspectos.
Roberto Valcárcel, director de ese proyecto del
departamento de arqueología, adscrito al Centro de Investigación y
Servicios Ambientales y Tecnológicos (CISAT) del Ministerio de
Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente, explicó que el primer estudio
investigativo, realizado durante el pasado año, permitió establecer
la extensión del sitio en 21 000 metros cuadrados.
El
arqueólogo Roberto Valcárcel, en primer plano, destaca la
importancia del estudio para revisar, desde la arqueología, la
historia cubana.
En aquella ocasión se hicieron alrededor de 260
calas, o pequeñas excavaciones exploratorias, en todo el sitio. Toda
la información de esas calas se llevó a un sistema computarizado de
información geográfica: un plano del sitio que permite obtener la
información recabada de cada locación específica, explica Valcárcel.
Este es un trabajo que no es tradicional en la
arqueología cubana –amplía el arqueólogo–, que generalmente trabaja
sobre excavaciones pequeñas que permiten definir cultura y conocer
si estamos ante un sitio de agricultores o de pescadores
recolectores.
El proyecto, iniciado en el 2007 y que continuará
hasta el 2010, permite la interacción de científicos holguineros con
homólogos de la Universidad de Alabama, Estados Unidos.
Significativo resultó la participación en el
estudio de campo de la doctora Lee Newson y el respaldo del doctor
Vernon James Knight, coordinador por la Universidad de Alabama.
Realizamos grandes excavaciones horizontales para
poder determinar qué había realmente en el sitio. Si había casas,
espacios sociales, plazas, estructuras de tránsito, caminos, etc.
Reconocer dónde se confeccionaban instrumentos de trabajo o adornos,
explica Valcárcel.
En el sitio aparecen miles de cuentas hechas de
piedra, y todavía no se conoce donde las hacían, de dónde sacaban la
materia prima, donde las elaboraban, es decir, todas esas
actividades que en algún momento se hicieron alrededor del
cementerio.
Se incluyen, por primera vez, estudios de
paleontobotánica del lugar, dirigida a ampliar el conocimiento sobre
las prácticas económicas y el entorno vegetal de esta comunidad que
habitó la región durante casi 400 años, desde el 1220 hasta
aproximadamente 1595.
Los arqueólogos cifran sus esperanzas en
resultados prometedores acerca de la cultura de esta comunidad de
agroceramista, cuyos primeros indicios surgieron a raíz de las
investigaciones realizadas por el equipo dirigido por el doctor en
Ciencias Históricas José Manuel Guarch del Monte, destacado
científico holguinero, ya fallecido. |