Esfuerzos en el sur

ORTELIO GONZÁLEZ MARTÍNEZ

El sur en Ciego de Ávila creció al ritmo de la noche. En las mañanas aparecían las casuchas, donde antes no había ninguna. La necesidad de viviendas, aliada a la actitud cómplice de quienes llegaron y, también, de los que lo permitieron, posibilitó el nacimiento de El Viejo Espigón, La Grúa, La Piñera, Maidique, Chincha Coja, La Llama...

El entusiasmo suma a los pobladores.

En los años ochenta, la ciudad se extendió hacia el sur, desordenada, con una infraestructura social precaria, sin espacio para la recreación sana y los servicios elementales para la población.

MIRADA ÍNTIMA

Callejuelas retorcidas —algunas sin final—, antenas de televisores confeccionadas con ahuecadas bandejas de aluminio y percheros rotos, ropas colgadas en tendederas cercanas a la tierra, olor a café, chícharos tostados y a frijoles ablandándose en el encierro de los nuevos módulos de cocción entregados; casas de mala estampa levantadas, la gran mayoría, con madera, zinc y hojalatas, es parte de lo que uno se encuentra en cualquiera de estos barrios pertenecientes a los consejos populares Roberto Rivas Fraga, Ángel Alfredo Pérez y Alfredo Gutiérrez Lugones, donde viven más de 43 000 avileños, en un área de 88 kilómetros cuadrados.

Terrenos baldíos se convirtieron en áreas deportivas.

Es la realidad a la vista de todos, como también la existencia de una voluntad definida por las autoridades de la provincia para cambiarla con la máxima celeridad posible.

Tal comprensión condujo a este diario, junto a Carmen Rosa Cordero y Jorge Lemes Durañón, presidentes de los consejos populares Ángel Alfredo Pérez y Roberto Rivas Fraga, respectivamente, a adentrarse en los barrios del sur de la ciudad y "penetrar" en los hombres y mujeres que allí viven, siempre respetando su intimidad y criterios, dadas las circunstancias de que, durante años, aquellos lugares tuvieron mala fama, no desterrada totalmente, pero que hoy comienza a desaparecer con el buen hacer de organismos, entidades y los propios habitantes.

Fue un fin de semana cuando irrumpimos en esas barriadas y compartimos con muchos de sus moradores, desde el pionero de primer grado, el trabajador social, la ama de casa, el militar, la maestra, hasta el recluso que fue sentenciado a privación de libertad y ya disfruta la convivencia del hogar.

Hace más de dos meses comenzaron a romperse la rigidez y estereotipos, con las reuniones diarias en las que participan los comprometidos con el cambio, y las autoridades del municipio de Ciego de Ávila.

En uno de los encuentros, uno de los dirigentes políticos de la provincia invitaba al intercambio en el barrio, "oír lo que dice la gente, explicarles acerca de la marcha de las obras, recabar su esfuerzo y no mentirles jamás, sean cuales fueren las circunstancias", máxima que los moradores agradecen y compulsa a empinarse por sobre las dificultades.

Carmen Rosa, la presidenta del Consejo, explica que las expectativas van cumpliéndose. "En unos días el entorno ha cambiado y las personas no sienten la sensación de constituir un mundo aparte, un territorio del que pocos se acordaban, al menos, en la práctica".

Y Jorge Lemes abunda sobre el tema: La gente agradece y cuando se motiva se hace partícipe de las transformaciones.

"Antes a cualquier hora, el paisaje del barrio lo adornaban las mesas de dominó y las botellas de bebidas hechas en casa, que el ingenio popular bautizó con el nombre de chispa e’tren, salta pa’trás, o tierra mi adorada, líquidos muy dañinos de los cuales disfrutaban los alcohólicos. Ese era el ejemplo que se les daba a los niños, y lo que veían quienes traspasaban este condominio. Tal conducta casi ha desaparecido."

En el fondo de las actitudes inadecuadas, muchas veces subyace algo que es imposible ignorar: cuando a los moradores de determinado barrio no se les organiza o no se sienten atraídos, útiles, los espacios no cubiertos y el tiempo libre los dedican a actividades estériles, empobrecedoras del espíritu.

Para que esto no suceda, barrio adentro nacen proyectos sociales comunitarios, como Razones, de Andrés Lago Lazo, quien se sumergió en el estudio de las personas de estos lares y les demostró las amplias posibilidades del arte dentro del ambiente doméstico y realista, en la formación de valores y modelos éticos conductuales.

De otras buenas experiencias en el cambio de imagen hablan los vecinos del lugar. A manera de anécdota, Odalys Padrón Pedroso, ama de casa, relata que un día salió por la mañana y al regresar, en la noche, habían puesto el alumbrado público.

También, varios terrenos deportivos aparecieron en áreas recuperadas de la maleza y el marabú, donde se reúne la muchedumbre y descarga la energía detrás de un balón.

Martha García González, presidenta del CDR 11, en La Llama, argumenta que "igual sucedió con el arreglo de las calles. En unos días, asegura, quedaron pavimentadas. Podemos andar en tacones sin hundirnos en las tembladeras de antes".

Lo que se ha hecho en estos barrios es estimulante, comenta Juan Peña, quien lleva más de 50 años en el sur de la ciudad. Tal vez, el encierro hogareño no le permita conocer que hasta ahora fueron asfaltadas más de 50 calles en los tres consejos populares, se eliminaron 65 pisos de tierra (aún continúan en esa labor), y solo en el mes de junio los pobladores recibieron 40 000 bloques, 60 000 ladrillos y 2 000 planchas de fibrocemento para los techos . A la vez que se trabaja en cuatro parques infantiles, igual cantidad de áreas deportivas se acondicionaron dos panaderías, y en lo que resta de año el compromiso es rehabilitar más de 300 casas.

¿QUÉ FALTA?

La sociedad y sus estructuras tienen que aportar las condiciones para que las personas sientan que son útiles y no se pierdan en vericuetos de formalidades que no ayudan.

Falta una mayor participación de la población en el amplio movimiento de cambio, y desterrar todo formalismo de las organizaciones de masas. Cada barrio tiene sus propias características. Falta mucho trabajo.

 

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