MATANZAS.—
El Isleño es de los ganaderos más populares en la Empresa Genética
de Matanzas. Al rato de conocerlo no cuesta mucho trabajo advertir
por qué no pocos vaqueros jóvenes quieren imitarlo. Parece
interesado únicamente en la vaquería y sus animales. Confiesa que
solo se inquieta por algo que dañe la salud de las reses en ordeño.
Pero es solo una impresión. "Claro que las vacas no son mi única
razón de ser, pero para tener resultados en la ganadería hay que
sentir pasión por lo que uno hace".
Desde hace 34 años Rafael Ramírez Boza administra una de las 193
vaquerías de esa empresa matancera, entidad que garantiza la leche
de la ciudad capital. Sabe distinguir cada una de las reses de su
unidad.
Hace poco lo operaron de apendicitis aguda. Tuvo una convalencia
fugaz en el hospital. Apenas una semana después, sus compañeros se
sorprendieron al verlo de regreso en la vaquería.
Y es que El Isleño asume para la vida la doctrina práctica de no
facilitarle nada al descuido. El ojo del amo engorda a la vaca, dice
desconfiado y sonriente, y luego reconoce que en la cama del
hospital no hacía más que pensar en los animales. "No puedo aflojar,
esto es todos los días, de campana a campana. La mujer se pone brava
y me dice que los animales no son solo míos, que la vida no puede
ser únicamente detrás de las vacas. Y yo la entiendo".
Estamos en un buen momento,opina. Hoy, explica, se produce más
leche que en años recientes. En el 2007 alcanzamos alrededor de 14
millones de litros y existe la aspiración de obtener más de 21
millones para el 2010.
"Tener más vacas en ordeño, un mayor volumen de acuartonamiento y
garantizar la base alimentaria a partir de la siembra de kingras y
caña; que no haya áreas vacías ni con marabú en las unidades. Eso es
lo esencial".
Para El Isleño la clave continúa siendo la misma: El secreto está
en el cuidado de la masa, el pasto y en la consagración del vaquero.
Simón Ramírez Camaraza, jefe de la granja número seis, asegura
que si todos los vaqueros se ocuparan de los animales con la pasión
con que lo hace El Isleño, la Genética fuera una empresa mucho
mejor. Su unidad parece que está siempre en tiempos de las vacas
gordas, comentó.
La vaquería de Ramírez Boza produce más de 13 litros por vaca al
día. El 40% del área de la unidad está sembrada de kingras y caña.
Con las 74 vacas en ordeño quieren llegar a producir 1 000 litros
como promedio. El que más leche da, en realidad, es el cuidado del
hombre, recalca.
Con esa intuición natural de la gente del campo, El Isleño confía
en sus vacas. Todo parece estar en orden en su vaquería. "El vaquero
no puede dormir tanto. Yo me levanto a la una de la mañana y empiezo
a ordeñar a eso de las dos. De ese modo la vaca sale a comer bien
temprano". Con mi esposa llevo ya 18 años. Pero con las vacas estoy
lidiando desde hace 34 años y de ellas nunca he recibido una sola
queja, dice.