15 de agosto de 1963

Un zarpazo terrorista desde el aire

Raquel Marrero Yanes

Pese a que han transcurrido más de cuatro décadas, el recuerdo de la madrugada del 15 de agosto de 1963 permanece imborrable en los pobladores del batey del entonces central Cunagua, en el actual municipio de Bolivia, al noreste de Ciego de Ávila.

Observe la bomba que no estalló, enterrada en las cercanías de una de las barracas habitadas en el batey del entonces central Cunagua.

Al amanecer de aquel día, una avioneta procedente del Norte con las luces apagadas volaba a una altura de 150 a 200 metros para dejar caer dos bombas de 50 libras en esa zona.

La primera, que explotó sin causar daños, cayó en áreas de un platanal en el barrio de Vallina y, según narraron testigos de la época, se escuchó un fuerte impacto que estremeció la tierra.

La segunda, lanzada a pocos metros de la pared de una de las barracas donde habitaban varias familias, en el sitio de Sao de Palmas, afortunadamente no estalló, y fue luego desactivada.

Al parecer, aquel zarpazo terrorista, ejecutado por mercenarios del imperio, iba dirigido a dañar la economía cubana con la destrucción de un central azucarero, y a sembrar el terror y la muerte en la población cubana.

El criminal suceso ocurrido hace 45 años, y multiplicado por muchas veces con particular saña hasta hoy, es otra prueba fehaciente de la política agresiva que mantienen los gobiernos de los Estados Unidos contra Cuba.

 

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