Zhang Yimou en las pantallas del mundo

Pedro de la Hoz
pedro.hg@granma.cip.cu

Ni los récords, ni las sorpresas, ni las proezas de las primeras jornadas olímpicas han podido borrar la impresión del extraordinario espectáculo de apertura de los Juegos de Beijing. La hazaña tuvo miles de nombres, pero el mayor peso recayó en el de Zhang Yimou, uno de los internacionalmente más reconocidos directores chinos de cine.

Zhang Yimou, uno de los más laureados cineastas chinos.

Para quienes han seguido la trayectoria de Zhang, el fastuoso encendido de la llama resultó coherente con la estética del cineasta, sobre todo la que se manifiesta en sus filmes Héroe y La casa de las dagas voladoras.

La primera data del 2004 y marca en la carrera de Zhang la renovación de la épica tradicional china y su apuesta por los valores histriónicos del hasta entonces considerado únicamente como "hombre de acción" y hoy día uno de los más cotizados actores asiáticos, Jet Li.

En su momento la crítica no pudo obviar el inmediato antecedente aportado por su compatriota Ang Lee con Tigre y dragón. Pero como observó atinadamente el crítico español David Garrido, "mientras la película de Lee contaba una historia lineal en la que la forma y el fondo de lo que se narraba cobraban la misma importancia, a Yimou le interesan más la estética y la indudable belleza y fuerza visual de lo que está contando que la historia en sí".

Escena de La casa de las dagas voladoras.

Dos años después, el director llevaría a límites insospechados su poética con La maldición de la flor dorada, vista recientemente en las pantallas cubanas.

Haciendo gala de auténtico preciosismo, la película nos remonta a las intrigas de la China del siglo X, mediante un formidable despliegue escenográfico de artes marciales, de secuencias épicas, todo ello sazonado con imágenes donde el detalle mínimo muchas veces decide la carga emocional de la entrega.

Zhang Yimou, sin embargo, no debutó en esas lides. Egresado de la Academia de Cine de Beijing, en 1987 irrumpió con un filme que hizo época, Sorgo rojo, un drama que al año siguiente obtuvo el Oso de Oro en la Berlinale; y en 1990 y 1991 consiguió nominar La semilla de crisantemo y La linterna roja al Mejor Filme de Lengua No Inglesa en los Oscar. Con Qiu Ju, una mujer china se alzó en 1992 con el muy apreciado León de Oro de Venecia, galardón que repetiría en 1999 mediante Ni uno menos.

Su nombre está asociado a la fama de dos actrices, Gong Li, protagonista de sus primeros filmes, y Zhang Ziyi.

Antes de lanzarse en la aventura olímpica, Zhang Yimou protagonizó en 1998 otro hito memorable en la historia contemporánea del espectáculo: la representación de la ópera Turandot, de Giacomo Puccini, en el entorno de la Ciudad Prohibida de Beijing, con la participación de 1 500 cantantes, coristas, bailarines y figurantes, bajo la dirección musical del indio Zubin Mehta.

En aquella oportunidad dijo: "Todo el pueblo chino espera que esta obra sea un éxito. Aunque es una obra occidental, yo soy chino, pienso en chino y es una producción china". Lo mismo podría aplicarse a su concepción de la inauguración olímpica, en tanto imbricó la autenticidad de su cultura con un vuelo universal.

 

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