Los trabajadores cubanos comenzarán en septiembre próximo el
debate del Anteproyecto de Ley de Seguridad Social, algo insólito
para muchos en el mundo, pero común para ellos por la habitual
costumbre de llevar a consulta popular temas de importancia para el
país.
La decisión fue aprobada por los diputados de la Asamblea
Nacional del Poder Popular en julio pasado, en la primera sesión
ordinaria de la VII Legislatura del máximo órgano de gobierno.
Por lo menos, tres millones 400 mil afiliados a los Sindicatos
Nacionales analizarán el documento en más de 80 mil asambleas,
aunque una convocatoria de tanta magnitud no es novedosa en la Isla.
El hecho es que reeditarán las efectuadas en 1994, cuando
surgieron multitud de ideas de cómo enfrentar y empezar a salir de
la crisis económica que provocó la caída de la comunidad socialista
y la antigua Unión Soviética.
Tan masiva participación evidencia el alto grado de organización
de la sociedad cubana, la vitalidad de sus organizaciones
sindicales, su democracia activa y constante y el papel de los
productores de bienes y servicios en el Socialismo.
El primer sistema de seguridad social en Cuba entró en vigor en
1963 para garantizar la protección a todos los trabajadores y sus
familiares. Después, fue perfeccionado hasta convertirlo en la Ley
24 desde 1980.
Nadie quedó desamparado o sometido a su engañosa mala suerte, a
pesar de que el país sufre el recrudecido bloqueo económico,
comercial y financiero, que el belicoso gobierno de Estados Unidos
impone desde hace ya casi 50 años.
Una realidad muy diferente afronta una considerable cifra de
hombres y mujeres de América Latina y de otras regiones, que perdió
la protección de la seguridad social cuando empezó la aplicación de
políticas neoliberales, los recortes de presupuestos sociales y su
privatización.
Cuba figura entre los 50 países con mayor proporción de personas
con 60 años o más, lo cual representa el 16,6 por ciento de sus
habitantes, indicador que aumenta de manera paulatina, esencialmente
por las políticas sociales de la Revolución, que elevaron la
esperanza de vida al nacer a 77 años de edad.