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En Ciego de Ávila, tres veces aché
La disminución de recalos, del movimiento de
narcotraficantes por nuestras costas, y de la droga en el mercado
interno demuestran la certeza de la prevención y el enfrentamiento
Leticia Martínez
Hernández
A
menudo escuchamos pronunciar el término aché para desear suerte,
buenos augurios, bendiciones y fuerzas. Lo utilizan creyentes o
ateos, jóvenes o adultos, instruidos o iletrados; pero en los
últimos tiempos también nuestros guardafronteras han hecho suya la
palabra. Quizás muchos no conozcan que bajo el término miles de
hombres y medios se despliegan por costas y cayos cubanos para
resguardar al país del contrabando de drogas, una de las actividades
comerciales ilícitas más lucrativas hoy en el mundo.
La operación Aché que comenzó en el año 1999 y que ahora se
encuentra en su tercera etapa, ha contribuido a detener la impunidad
de narcotraficantes en nuestros mares, y a su vez ha evitado que
extraviados recalos pasen de mano en mano para abastecer el mercado
interno de las drogas. Los números hablan: en el 2007 fueron
asegurados 2 126,9 Kg provenientes de 164 recalos, para el primer
semestre del presente año la cifra se reduce a 59 hechos con una
totalidad de 610,8 Kg, más de la mitad ocurridos en la zona central
del país.
Cada
día nuestros hombres recorren kilómetros.
Y aunque cada punto de la geografía costera cubana evidencia el
impacto del enfrentamiento y de la entrega de nuestros
guardafronteras, en Ciego de Ávila, provincia muy afectada por los
recalos, el trabajo se refuerza aún más. Las 36 millas náuticas que
separan a cayo Paredón de cayo Guillermo, donde confluyen vientos y
corrientes marinas, además del corredor aéreo internacional Maya, es
el tramo más custodiado de la zona.
Según el mayor Raúl Pazos Rodríguez, del Destacamento de Tropas
Guardafronteras de la provincia avileña, en lo que va de año en la
zona se han encontrado 4 recalos, asegurándose alrededor de 26
kilogramos de droga. Los paquetes provienen de fracasados
movimientos de narcotraficantes por la región, la empaquetadura
sencilla así lo confirma. En esta misma fecha pero el año pasado la
estadística de recalos allí ascendía a más de 60. El quehacer diario
de todos los factores que participan en el Sistema de Enfrentamiento
a este flagelo ha contribuido a estos resultados.
Para el rescate de los alijos de droga esparcidos, explica el
mayor Pazos, resultan imprescindibles las exploraciones frecuentes,
tanto navales como terrestres. Cada día nuestros guardafronteras
recorren kilómetros en busca de algún paquete extraviado, pues en el
lugar más insospechado aparecen, algunos llegan a internarse en lo
más espeso del mangle, hasta allí hay que escudriñar. La vigilancia
de los pescadores también contribuye a custodiar los mares avileños.
Los
pescadores juegan un papel fundamental en el avistamiento de los
recalos.
A la constancia y entrega de los guardafronteras se suman además
la mejoría de las condiciones materiales de los puestos y la
modernidad de los equipos técnicos. Atrás quedaron los malos tiempos
dibujados en la clásica película Guardafronteras. Como revela
Pazos, el trabajo continúa siendo muy duro pues el sol, los
mosquitos y el diente de perro dañan, pero la entrega de velos,
botas y repelente contra insectos humanizan el quehacer. A ello se
añade una mejor alimentación, climatización de los dormitorios y la
utilización del Argus, un vehículo todo terreno anfibio que permite
el desplazamiento por el litoral y en aguas poco profundas.
Si tomamos en cuenta que la mayor parte de la droga que entra a
Estados Unidos procede de países latinoamericanos entonces resulta
poco cualquier esfuerzo hecho para cuidar nuestras costas. El
prestigio de Cuba en el enfrentamiento aumenta, y con él la
tranquilidad de millones de familias. |