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Lecturas de verano a propósito de Beijing

VÍCTOR ANGEL FERNÁNDEZ

Hace unos años apareció en la prensa el nombre Addis Ababa como la capital de Etiopía, en sustitución del conocido Addis Abeba, y se decía que el primero era el correcto debido a su variante en amárico, idioma de ese país del cuerno africano.

Un día, por suerte, se llamó a la cordura recordando que nosotros hablamos español y de la misma forma que no era New York, London o Mockba, variantes en los respectivos idiomas, debíamos atenernos a lo que decía nuestra Real Academia de la Lengua.

A nadie se le ocurriría escribir haiga, o había sin hache, o alcohol sin la combinación "ho" que muy pocos pronuncian, pues en correcto español están sus fonías y grafías bien definidas, con perdón de la propuesta que un día hiciera Gabriel García Márquez.

Sea o no de nuestro gusto, porque a veces suenan extremadamente raros, los nombres de ciudades y países del mundo, tienen en español sus variantes correspondientes y esa es la que debe utilizarse, con independencia de las propuestas de transliteración que en su momento hayan realizado otros países.

Cuando se gestaba la Unión Europea, se firmó un tratado en una ciudad cuyo nombre apareció en la prensa de habla hispana como Maastricht, versión transliterada del alemán. Pues, no obstante lo difícil de su pronunciación, esa ciudad tenía nombre bien definido en español y era Mastrique. Vaya usted a saber.

En estos días de Juegos Olímpicos aparece reiteradamente el nombre de la ciudad sede, Beijing, resultado, según el Diccionario Panhispánico de Dudas, de la transcripción de los caracteres chinos al alfabeto latino por el sistema «pinyin», desarrollado a partir de 1958 para unificar los sistemas de transcripción del chino.

Se puso en práctica oficialmente en 1979 y es hoy mayoritariamente utilizado por las agencias de prensa.

Luego de esta definición, el mismo diccionario propone utilizar Pekín, la versión en español y cuyo gentilicio es pequinés o pequinesa. Existen otros ejemplos, como es el caso de Bielorrusia, ahora citada siempre como Belarús o las variantes de Cote d'Ivoire o Costa de Marfil, pero esas serán temas de otras lecturas. (AIN)

 

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