Hace unos años apareció en la prensa el nombre Addis Ababa como
la capital de Etiopía, en sustitución del conocido Addis Abeba, y se
decía que el primero era el correcto debido a su variante en
amárico, idioma de ese país del cuerno africano.
Un día, por suerte, se llamó a la cordura recordando que nosotros
hablamos español y de la misma forma que no era New York, London o
Mockba, variantes en los respectivos idiomas, debíamos atenernos a
lo que decía nuestra Real Academia de la Lengua.
A nadie se le ocurriría escribir haiga, o había sin hache, o
alcohol sin la combinación "ho" que muy pocos pronuncian, pues en
correcto español están sus fonías y grafías bien definidas, con
perdón de la propuesta que un día hiciera Gabriel García Márquez.
Sea o no de nuestro gusto, porque a veces suenan extremadamente
raros, los nombres de ciudades y países del mundo, tienen en español
sus variantes correspondientes y esa es la que debe utilizarse, con
independencia de las propuestas de transliteración que en su momento
hayan realizado otros países.
Cuando se gestaba la Unión Europea, se firmó un tratado en una
ciudad cuyo nombre apareció en la prensa de habla hispana como
Maastricht, versión transliterada del alemán. Pues, no obstante lo
difícil de su pronunciación, esa ciudad tenía nombre bien definido
en español y era Mastrique. Vaya usted a saber.
En estos días de Juegos Olímpicos aparece reiteradamente el
nombre de la ciudad sede, Beijing, resultado, según el Diccionario
Panhispánico de Dudas, de la transcripción de los caracteres chinos
al alfabeto latino por el sistema «pinyin», desarrollado a partir de
1958 para unificar los sistemas de transcripción del chino.
Se puso en práctica oficialmente en 1979 y es hoy
mayoritariamente utilizado por las agencias de prensa.
Luego de esta definición, el mismo diccionario propone utilizar
Pekín, la versión en español y cuyo gentilicio es pequinés o
pequinesa. Existen otros ejemplos, como es el caso de Bielorrusia,
ahora citada siempre como Belarús o las variantes de Cote d'Ivoire o
Costa de Marfil, pero esas serán temas de otras lecturas