Obviamente, esta función de la cultura y de la ética solo se
manifiesta a plenitud cuando se articula con la ciencia, unida a un
concepto integral de la misma, es decir, asumida como lo creado por
el hombre a partir de la transformación de la naturaleza. Es
necesario, asimismo, tener una visión de las raíces históricas de
este proceso con el apoyo de la filosofía, la sociología, la
psicología, la antropología, entre otras disciplinas. Esta
concepción nos lleva a la idea de la integridad de las diversas
ramas de la cultura y, por tanto, de la ciencia.
En Cuba y en América Latina, la cultura ha desempeñado
históricamente un destacado papel y forma parte de sus esencias
espirituales. El tema de la ética vinculado a una visión utópica de
alcance universal está presente desde los tiempos fundacionales.
Desde entonces lo ético, lo científico y lo político en su
diversidad se articulan como identidad indisoluble. Nos viene a los
cubanos de la tradición de pensadores como Félix Varela y José de la
Luz y Caballero, y se revela con altura máxima en el caso de José
Martí. El crisol de ideas martianas sobre la ciencia del espíritu es
extraordinariamente elocuente.
Es importante para los cubanos estudiar la relación filosófica
entre el pensamiento de Marx y el de Martí. Se trata de un tema que
debe evaluarse con todo rigor y comprendiendo las sustancias que los
unen y las diferencias en distintos aspectos que parten de
circunstancias y condicionantes diversos en uno y otro caso. Es la
única manera de ser martiano y marxista.
Hagamos el análisis del tema filosófico que de manera concreta
planteó la Revolución cubana cuando Fidel y el Che, desde los años
sesenta del pasado siglo, insistieron en la importancia de los
factores morales en la construcción de una sociedad nueva.
Uno de los problemas más complejos que ha tenido la historia de
las ideas dentro de la cultura de lo que se denominó civilización
occidental ha sido la relación entre lo que llamamos durante
aquellos años, en su forma más inmediata, estímulos morales y
estímulos materiales. Este tema fue uno de los que más interesaron y
preocuparon al Che.
A casi medio siglo de distancia de aquellas polémicas, hay que ir
a su esencia y abordar su examen en un plano mucho más amplio para
poder entender qué era lo que se estaba discutiendo. Envueltos en
abordar problemas coyunturales y, desde luego, apasionados por la
búsqueda de maneras puntuales de solución, no pudimos ir entonces a
su más profunda raíz. Como luego hemos subrayado, esto se relaciona
con los vínculos entre la superestructura y la base económica, uno
de cuyos puntos nodales está en la ética o la moral.
Subestimar lo espiritual es un error mayor si se trata —y de esto
es de lo que se trataba en las polémicas de los años sesenta— del
análisis de los móviles y la orientación del comportamiento humano.
Porque es en el comportamiento humano donde se genera la vida
espiritual. En el fondo de los errores presentes en la visión
europea socialista estuvo haber intentado trasladar una verdad
filosófica —el factor material como última instancia— al
análisis concreto de la conducta de los hombres, que es, en todo
caso, un factor de primera instancia. Ni Marx, ni mucho menos
Engels, plantearon, en el plano filosófico, que los factores
económicos son los únicos determinantes. Esto se ve, con meridiana
claridad, en los últimos trabajos de Engels. Algunos, al tratar de
manera reduccionista el factor económico, no lograron entender lo
que planteaba el Che al contrastar los estímulos morales y
materiales. En ese sentido, la agudeza dialéctica del héroe
guerrillero le permitió arribar a conclusiones mucho más cercanas a
la esencia del pensamiento humanista de Marx.
El esclarecimiento científico y filosófico del papel de la
subjetividad en la historia social puede hacerse con la experiencia
del siglo XX y a partir de la filosofía y las ideas éticas cubanas.
En lo subjetivo está el tema central de la cultura cubana que brinda
orientación adecuada para interpretar correctamente la interrelación
dialéctica que existe entre las leyes económicas y las categorías de
la superestructura. En haber ignorado esta vinculación, como hemos
insistido, radica una de las causas fundamentales del derrumbe del
socialismo europeo. Para resaltar el papel de la cultura y por tanto
de la ética, es indispensable estudiar el legado intelectual de los
grandes pensadores cubanos del siglo XIX.
Es que el siglo XX concluyó con una gran interrogante filosófica
de enorme importancia para la práctica política: el carácter de lo
que se ha llamado objetividad y lo que se denominó subjetividad.
Solamente a partir del pensamiento materialista y dialéctico
podremos entender hoy la dimensión del drama.
Nos parece necesario, en el caso cubano, repasar cómo
tempranamente en nuestra historia, el maestro José de la Luz y
Caballero (1800–1862) abordó el asunto. Luz estaba interesado en
[...] demostrar cuán difícil es separar los fenómenos que
constituyen las ciencias morales de aquellas que dan origen a las
que llamamos intelectuales, atribuyéndoles un origen y naturaleza
diversos, pues para mi ver no son más que diferentes modos de ver
una misma ciencia [...] Esto es, existe la misma relación entre
la moral y las ciencias intelectuales que la que se aprecia entre la
química y la física.
Esto lleva a Luz, en primer lugar, a los métodos de
investigación. Critica a los que sugieren que existan dos tipos de
investigaciones contradictorias: [¼ ]
la interna y la externa no siendo ella en realidad más que la misma
función, ora aplicada al conocimiento de los objetos exteriores, ora
al de los fenómenos internos; por lo cual sólo la razón de su
objeto, pero no de su principio, podrá clasificarse la observación
como interna y externa; modo de clasificar que no es de lo más claro
ni científico y por lo mismo tanto más tachable en este género de
investigaciones que más que ningunas otras deben hermanar el
precepto con el ejemplo en materia de precisión [¼
]
La enorme significación de estas conclusiones queda de manifiesto
cuando apreciamos que hoy el problema clave que debe dilucidar el
pensamiento filosófico es precisamente la articulación entre lo
objetivo y lo subjetivo.
En la medida en que se desbroce ese problema se allanarán los
caminos prácticos para desarrollar una sociedad más justa, plena,
culta y solidaria, la del socialismo del siglo XXI.