El gran sofá

Juvenal Balán Neyra

El calor aumenta por minuto. El sol es mucho más abrasador y la piel parece estar en ebullición. Al atardecer, cubanos de todas las edades acuden al gran sofá de La Habana: el malecón. Unos en busca de un rato de amor junto a la brisa marina, otros a ensayar sus partituras con el instrumento para que las notas del pentagrama se las lleve el viento. La pesca es un reto para quienes, vara en mano, tratan de alzarse con la mejor presa. Reconfortante para cualquiera constituye el "cuadro" natural que se observa desde el muro con la ciudad de fondo. El sofá perdura, nos hace vivir, disfrutar, cuidémoslo, es de todos.

 

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