El Alacrán: cien años de tradición danzaria

ISMAEL S. ALBELO

Cuando en 1908 el interventor norteamericano Charles Magoon, quiso congraciarse con las clases más humildes de la población, decidió restaurar no solo los paseos de carnaval, sino la salida de las comparsas. Lo que no imaginó el procónsul que cien años después una de ellas seguiría arrollando por las calles de La Habana, ahora en un verdadero festejo de realización popular y de gobierno del pueblo.

Tocó a Gerónimo Ramírez Faure, negro abakuá de la potencia Ecoria Efó Taibá, organizar fuerzas en el barrio del Cerro para salir en esos carnavales, machete en mano, a matar al animal que generó una leyenda de curiosos orígenes: en 1844, el ingenio La Demajagua, propiedad de Don Venancio, con unos 200 esclavos, reinició su molienda; luego de afilar sus machetes, la dotación se lanzó al cañaveral, pero el corte se detuvo cuando María Josefa —esposa del auxiliar del contramayoral— sintió que algo le había picado en el pie. Varios hombres trataron de buscar la causa y solo Tata Cuñengue, un brujo sabio de casi 120 años, descubrió al culpable: "Ese son un salacrán", profirió en su lengua. Entonces Nangoro, esposo de María Josefa, le da muerte. Hasta aquí la anécdota.

Con el nombre de El Alacrán, la comparsa se lució por el Prado habanero hasta 1913, cuando fueron prohibidos estos desfiles de nuestros carnavales. Luego, en 1937, vuelven a tomar las calles las comparsas habaneras, y es el hijo de Gerónimo, Santos Ramírez Arango, quien reorganiza el grupo, le da cohesión a la historia y nace para El Alacrán una nueva y definitiva etapa, quizás la que crea su verdadera tradición dentro de la cultura capitalina y cubana, la del espectáculo del ingenio narrando la leyenda, acompañado por los hombres portando sus machetes —instrumento de trabajo y de lucha— con su paso siempre en avance, al ritmo de conga: 1, 2, 3, ¼ Y, corta la caña abajo; 1, 2, 3, ¼ Y, lanza el machete arriba.

Básicamente masculina, El Alacrán incluye también hileras de mujeres, que luego se unen para crear los diseños coreográficos que le han dado no pocos premios a lo largo de estos años de bailar con y para el pueblo.

La familia Ramírez ha mantenido la mítica y el espíritu del Alacrán, con su "carga mágica", desde hace cien años, ceremonia mágico-religiosa que recuerda nuestra antigüedad danzaria. Sus enormes y vistosas farolas, únicas en nuestros carnavales, como únicos son sus faroleros, verdaderos acróbatas desafiantes de la gravedad, han sentado pautas muy difíciles de superar.

En el 2008, El Alacrán vuelve en su centenario al carnaval de La Habana. Desde el Cerro al Malecón, como emblema del placer cubano por bailar, sin lujosos atributos, solo con el afán de expresarse a través del movimiento y de los sonidos del quinto, de la tumba y del machete que en el suelo advierte:

"El alacrán ya se murió porque Nangoro lo mató".

"María Josefa, ¿dime qué fue? Que el animal me picó los pies".

 

| Portada  | Nacionales | Internacionales | Cultura | Deportes | Cuba en el mundo |
| Opinión Gráfica | Ciencia y Tecnología | Consulta Médica | Cartas| Especiales |

SubirSubir