El presidente del parlamento cubano,
Ricardo Alarcón, afirmó hoy que los cobardes bombardeos atómicos a
las ciudades de Hiroshima y Nagasaki mostraron la verdadera esencia
de Estados Unidos, capaz de los peores crímenes para imponer su
hegemonía mundial.
Esto figura en un mensaje de Alarcón a la Conferencia Mundial
contra las Bombas Atómica y de Hidrogeno, que sesiona en las dos
ciudades mártires con la participación de 10 mil pacifistas nipones
y 300 representantes de gobiernos y organizaciones internacionales.
Ese saludo, del cual Prensa Latina obtuvo una copia, se
transmitió a los delegados asistentes por Andrés González Ballester,
encargado de negocios interino de la embajada de Cuba en Japón.
Alarcón rememora en su mensaje que más de 300 mil personas
fallecieron directa o indirectamente en tan horrenda masacre, en su
mayoría niños, mujeres y ancianos, inocentes todos.
El dirigente parlamentario cubano indica que hoy, a pesar de que
terminó la guerra fría, continúa la carrera armamentista, crecen los
presupuestos militares y se producen nuevos y cada vez más
sofisticados armamentos.
Alarcón subraya que Estados Unidos trata de destruir a Cuba con
la guerra económica que por casi cinco décadas le ha impuesto, para
doblegar a un pueblo entero y revertir los logros de su proceso
revolucionario.
Además, precisa, Estados Unidos promueve acciones terroristas
contra Cuba, permite que connotados terroristas gocen de total
impunidad y protección en territorio norteño.
Mientras, encarcela a cinco jóvenes cubanos por luchar contra el
terrorismo y les aplica injustas y crueles condenas en cárceles de
ese país por haber tratado de impedir sus crímenes contra Cuba.
Alarcón puntualiza que América Latina no escapa a la agresividad
del imperio, el militarismo trata de reverdecer laureles en el
continente mediante la reactivación de la IV Flota.
Igualmente, la creación de nuevas bases militares que constituyen
una seria amenaza para Venezuela, Bolivia y Ecuador y ponen en
peligro la estabilidad de otros países que instrumentan políticas
nacionales independientes de los intereses de Estados Unidos.