|
Isla de la Juventud
Aún es tiempo de jóvenes
Ana E.
Zulueta Avilés
El panorama aquí era desolador... imagínate todo aquel desastre
que dejó el huracán Alma... casas y centros de trabajo destruidos...
parecía un desierto, recuerda Margarita Gómez Reyes, una de los
jóvenes que arribaron a Isla de Pinos el 17 de junio de 1967 a
¡Recuperar lo perdido y avanzar mucho más!
El
municipio dispone de un centro de restauración neurológica para
niños con una sala de rehabilitación.
Ese era el compromiso de la Unión de Jóvenes Comunistas contraído
con el Comandante en Jefe Fidel Castro y que movilizó a cientos de
muchachas y muchachos de todo el país para transformar la realidad
de este territorio que contaba con cerca de 11 000 habitantes, casi
8 veces menos que los actuales.
Vine a trabajar por dos años en la agricultura, específicamente,
como injertadora de cítrico, pues debíamos cumplir un ambicioso plan
de siembra, por eso laborábamos desde el amanecer hasta que el sol
se ponía... era horario de conciencia, comenta con especial brillo
en los ojos.
En las noches cuando concluíamos, un grupo iba a estudiar, más
tarde asistíamos a las reuniones del comité de base de la juventud.
Muchas veces —precisa— terminábamos a las 4:00 a.m. y a las 5:45
había que estar en pie para volver al campo
El sueño de lo posible
"Llamémosla Isla de la Juventud cuando la juventud con su obra
haya hecho algo grande, haya revolucionado aquí la naturaleza y
pueda exhibir el fruto de su trabajo, haya revolucionado aquí la
sociedad", señaló el Comandante en Jefe el 12 de agosto de 1967.
El paso devastador del huracán Alma el 8 de junio de 1966, por la
entonces Isla de Pinos aceleró el cumplimiento de plan mínimo de
desarrollo previsto por Fidel para este territorio.
Desde el 12 de junio del propio año llegaron los primeros
contingentes de jóvenes. Ellos contribuyeron al suministro de las
nuevas industrias, sembrar 80 caballerías de cítrico, desarrollar la
revolución hidráulica y extender los escasos kilómetros de viales a
700.
Esa generación, junto a los pobladores de esta ínsula, creó la
infraestructura socioeconómica de la isla antes estigmatizada por el
subdesarrollo, la existencia de una zona franca para los peores
objetivos y del mal llamado Presidio Modelo.
Fue en el acto de inauguración de la presa Viet Nam Heroico que
le solicitamos a coro a Fidel que Isla de Pinos recibiera el nombre
de Isla de la Juventud y no puedes imaginar la emoción de todos
cuando luego de 12 años de tanto esfuerzo y sacrificio el sueño se
convirtió en realidad, dice Margarita.
La concreción de una obra
Rostros surcados por el paso de los años como el de Margarita
hablan de los días juveniles anteriores a 1978, cuando provenientes
de los más diversos lugares de Cuba arribaron a este territorio para
hacer crecer y transformar a la entonces Isla de Pinos.
Según el censo de 1953, existían aquí 2 201 viviendas, de ellas
192 declaradas buenas, hoy aunque ese es un problema perentorio como
en el resto del país, la cifra de inmuebles se multiplicó con los
nuevos repartos y el territorio reporta hoy el mejor fondo
habitacional de la nación.
Estadísticas de la época develan que más de la mitad de los
hogares carecían de servicio eléctrico y en la actualidad disfruta
de ese beneficio más del 99% de la población, que también se
favorece, en su mayoría, de redes de acueducto y alcantarillados,
prestación sensible a mejorar a partir de nuevas inversiones.
Orestes Anaya y Orlaidi Durán, trabajadores pecuarios, comentan
sobre los cuantiosos recursos destinados por la Revolución para
transformar el panorama ganadero en el territorio.
En el 1959 había aquí cuatro médicos y un pequeño hospital con 32
camas. Hoy, existe aquí un sistema sanitario que da cobertura
primaria y secundaria a todo el pueblo y por su sensibilidad destaca
el centro de restauración neurológica equipado con una sala de
rehabilitación.
Aún queda mucho por hacer en el Municipio Especial con una
población que excede los 86 000 habitantes, cuando este dos de
agosto jóvenes de ayer y hoy se encuentren para celebrar el
aniversario 30 de la proclamación de la Isla de la Juventud.
Entre ellos, otra vez Margarita, una mujer natural de Jigüaní,
Granma, devenida pinera, quien al cabo de cuatro décadas, hace este
repaso a la memoria, con el sueño de quienes tienen mucho por
descubrir y aún se maravillan de compartir con otros estos tiempos
de jóvenes. |