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Ir a lo que nace, a crear
Danayris Caballero García
Sembrar y cortar 2 000 hectáreas para el central Harlem, remueve
voluntades en la pinareña granja Redención, de la jefatura
territorial del Ejército Juvenil del Trabajo (EJT). Para el soldado
Yilián Alfonso Martín no es difícil enfrentarse a la caña y al
marabú. Desde chirriquitico anda guataqueando con el padre. "El
campo ha sido siempre lo mío. Estoy adaptado a cualquier trabajo que
venga". Acaso si tiene 20 años y su cuerpo ni se entera del
cansancio cuando la faena pinta para largo.
Esta
foto es un símbolo del momento histórico en que el General de
Ejército Raúl Castro alza los brazos de dos jóvenes que sintetizaban
la unión de la columna juvenil del centenario y las Divisiones de
Infantería Permanente (DIP).
No se quedan atrás los trabajadores civiles de la granja
agropecuaria en San Cristóbal: "Vaaamos Rosquete, tranquiilo
Montenegro". Vocifera Lorenzo a sus bueyes. Es uno de los nueve
guajiros que antes de que el llanto de un pequeñín desespere a la
madre en la madrugada, ya ordeñó la vaca, atendió los terneros y
echó el pienso a los animales de ceba. Pero no solo lidian con 142
cabezas de ganado vacuno, sino que son los responsables de la
restauración y el mantenimiento de las naves en la Vaquería 21.
Algo distante del lugar, aún pare una puerca, mientras Odalys
Dopico Tirador le acaricia el lomo a la adolorida y pone a los
nacidos a mamar. Rodean a la mujer cerdos que, en dos patas, le
ganaban por mucho en tamaño y la duplican en ancho. Tantos chanchos
regordetes son el resultado del esfuerzo de la doctora en Medicina
Veterinaria y sus compañeros en la cochiquera. Odalys labora allí
desde 1997. Su meta es lograr que los animales alcancen más de 20
kilogramos. A partir de ahí comienza la ceba, crianza intensiva
realizada a base de piensos concentrados, miel de purga, caña,
palmiche, noni.
Entregamos una cantidad de toneladas por meses, según nuestro
plan técnico económico, y por cada kilogramo de carne nos pagan
según lo producido, asegura Odalys.
Al respecto, corrobora Alberto Monroy Marrero, fundador del EJT y
su jefe en la región más occidental de Cuba: "Este sistema de pago
vinculado al resultado de la producción física entregada, beneficia
económicamente a soldados y civiles, y estimula más al trabajador".
Pida, confíe, pero pese
Proteger al cliente, brindarle mejor servicio y precios bajos,
pudiera resumir las aspiraciones de los mercados agropecuarios
administrados por el EJT, los cuales suman 26 en el país y donde se
adquiere tres veces más que en los topados y los de oferta y
demanda.
Trabajamos
para convertirnos en el mercado elite dentro del EJT, apunta Andrés
Soberón González, administrador del Agro de Tulipán.
En el capitalino conocido por Tulipán, generalmente se
venden a diario, por libras, hasta más de 30 productos: malanga,
plátano, calabaza, aguacate, ají, habichuela, piña, mango, carnes de
cerdo, carnero y pollo...
Se procuran beneficios para productores y consumidores. En el
caso de los primeros, concurren a vender en grandes cantidades los
de empresas de Cultivos Varios, así como los pertenecientes a
cooperativas de Créditos y Servicios. Inicialmente se controla la
factura de los productos, para luego pasar al Departamento de
Declaración Jurada. Más tarde, el jefe de área y el administrador
chequean constantemente las tarimas con el objetivo de evitar las
ilegalidades.
Sin embargo, no basta con el ojo del controlador, puesto que cada
comprador puede y debe preocuparse por rectificar su mercancía en
las pesas de comprobación.
Por otro lado, en Tulipán la clientela disfruta la
oportunidad de echar algo a la canasta familiar, al tiempo que le
arreglan el reloj, le pegan las suelas de un par de zapatos o pide
le hagan un pelado con la esperanza de lucir más a la moda. Porque
este popular complejo multiservicios incluye desde cafeterías hasta
cerrajeros. Los restantes mercados de este tipo cuentan con más de
dos servicios y trabajan en pos de incrementarlos.
Con gorra y sombrero de yarey
Félix Hernández Rodríguez y Blas Francisco Hernández García
apenas eran muchachitos cuando acudieron a la convocatoria de la
Unión de Jóvenes Comunistas: integraron la Columna Juvenil del
Centenario y se fueron a Camagüey u otra provincia que necesitara
hombres para hacer la zafra. Y acabaron convenciéndose aquel 3 de
agosto de 1973 de que solo encontrarían la virtud de ser más útiles
en el naciente Ejército Juvenil del Trabajo.
Luego
de encontrar un vector, los soldados flamean y abatizan los
depósitos.
En esa institución "han echado la vida entera", y aún permanecen
formando a las nuevas generaciones y aprendiendo con ellas,
contribuyendo a la producción diversificada de alimentos, cooperando
con los Ministerios de la Agricultura y del Azúcar, en aras de
sustituir importaciones.
Pudo quedarse en casa, tranquilo, rememorando los días en que
dirigió y sudó a la par de muchos hombres en el ejército, o combatió
en Angola. Mas, sus raíces, sus viejos amigos, su "historia de
trabajo", su afán por aportar experiencias todavía, le impiden
retirarse definitivamente. Por eso está Blas Francisco lo mismo
cargando un saco con viandas que limpiando el mercado de Tulipán,
donde siempre se siente a gusto, apoyado por "un colectivo muy unido
y organizado".
"En sus 35 años, este ha sido un ejército de jóvenes participando
en las zafras azucareras, las actividades de cultivos varios, las
construcciones de ferrocarriles, escuelas Camilo Cienfuegos en
Camagüey, por ejemplo, Escuelas Secundarias Básicas en el Campo, en
Sierra de Cubitas, en la capital... nos incorporamos a la producción
de alimentos en los momentos más difíciles. También fuimos
convocados a la campaña antivectorial, actividad sumamente humana
dirigida por Fidel, en la cual jugamos un papel importante en Ciudad
de La Habana y en otras provincias", asevera Félix Hernández, jefe
de la Sección de Comercialización del EJT.
Tocan la puerta, adiós Aedes
Son jovencitos vestidos de carmelita, mayormente soldados
diferidos que pasan su servicio militar activo en el EJT. Llevan
linterna, alcohol, abate, frascos para recoger muestras. Su misión
es prevenir, encontrar y destruir los focos de Aedes aegypti a
diario, en no menos de 30 viviendas.
Desde la creación del batallón antivectorial, en diciembre del
2000, el constante, serio y sistemático tratamiento focal mediante
la aplicación de un sistema de trabajo en bloque, mengua la
existencia del mosquito y gana la confianza de la población.
Al decir del soldado Joan Manuel Águila Leyva: "Es importante que
nuestro ejército y el Ministerio de Salud Pública estén juntos en la
campaña, pues sabemos realizar las tareas correctamente".
Seguidor del precepto martiano, nuestro EJT ha ido "a lo que
nace, a crear" en y para siempre la tierra cubana. |