Ya se está extinguiendo en el éter el nombre del caballerito que
hizo carrera —y quiere seguir viviendo de ella—, por su genuflexión
ante los gobernantes de Estados Unidos.
José María Aznar, tristemente recordado como el presidente del
Gobierno español que quizás haya impuesto récord por sus visitas a
Washington y sus reuniones —en cualquiera de los confines de la
tierra—, con su mayor amigo: George W. Bush, recibió ahora un premio
en Praga (¿por casualidad?) y de una institución norteamericana
(¿también por casualidad?).
Aznar como persona y Praga como centro europeo escogido y
utilizado por Washington para aupar la política anticubana de la
Casa Blanca, constituyen símbolos de lo más retrógrado y repugnante
en cuanto a las posturas neoconservadoras y entreguistas. Así lo
admiten y celebran las más altas autoridades checas.
Por eso no es de extrañar que, según la agencia EFE, el ex
mandatario recibiera este viernes, en Praga, el premio Vasek y Anna
María Polak por su "defensa de la democracia", que otorga anualmente
el American Institute on Political and Economic Systems (AIPES).
En su alocución, a puerta cerrada y que duró 20 minutos, Aznar
destacó "la importancia de la cooperación de EE.UU. con Europa", y
reiteró la necesidad de que las fuerzas armadas yankis continúen la
ocupación de Iraq y Afganistán, explicó Lukas Budin, representante
de los organizadores checos.
La entrega del galardón tuvo lugar durante el acto privado de
clausura del curso de verano organizado en la capital checa por el
Fund for American Studies, la Universidad Carolina de Praga y la
neoyorquina Georgetown University.
En el despacho de la citada agencia se reconoce que el curso
tiene "un fuerte componente de la ideología republicana", y que "la
mayoría de los participantes proceden de antiguas repúblicas
soviéticas". Sobran los comentarios.