BAGDAD,
28 de julio.— La Casa Blanca insiste en que la violencia en Iraq
disminuye; sin embargo, los hechos demuestran lo contrario. Este
lunes ha sido una jornada sangrienta. Varios atentados dejaron al
menos 50 muertos y más de 300 heridos, por lo que las autoridades
iraquíes declararon el toque de queda en Bagdad y en Kirkuk, 250
kilómetros al norte de esta capital, informó EFE.
Los hechos más violentos se registraron en la capital, donde por
lo menos 26 peregrinos chiitas perecieron y otros 117 resultaron
heridos, según fuentes médicas, en tres explosiones que se
produjeron con pocos minutos de diferencia.
Mientras en Kirkuk, al menos 22 personas perecieron y otras 187
resultaron lesionadas en un atentado protagonizado por un
desconocido que llevaba un cinturón de explosivos y que lo hizo
detonar en el centro de la ciudad, y un tiroteo posterior.
Por otra parte, cuatro individuos fallecieron cuando una bomba de
fabricación casera estalló al paso de su vehículo cerca de Baquba,
unos 60 kilómetros al noreste de Bagdad.
Entretanto, el ministro del Interior iraquí, Jawad Bolani, afirmó
que EE.UU. e Iraq están en vías de alcanzar un acuerdo sobre el
número de tropas estadounidenses que permanecerán en ese país antes
de concluir el 2008.