Hombres como él cayeron en el cumplimiento del deber. Hicieron
fracasar los planes de la tiranía, contribuyeron a dar un viraje
decisivo a la guerra y colocaron la ofensiva en manos de los
insurrectos.
Después de la batalla de El Jigüe cumplió la misión de avanzar
hasta Boca de Providencia. Al llegar al lugar, él y sus compañeros
se encontraron bajo el fuego cruzado del adversario. En el
intercambio de disparos cayó herido mortalmente el 28 de julio de
1958. Tenía 34 años, Ramón había nacido en Morón, perteneciente
entonces a la provincia de Camagüey (hoy a Ciego de Ávila). Surgió
de lo más humilde del pueblo y se hizo mecánico.
En el central América organizó el sindicato de los trabajadores y
manifestó su rebeldía contra la explotación capitalista. Por esa
acción resultó expulsado por el propietario. Después se instaló en
una colonia cañera del central Santa Marta, en Santa Cruz del Sur,
Camagüey, donde laboró como chofer de camión.
Luego fue obrero en las minas de manganeso en Charco Redondo. De
nuevo manifestó su espíritu rebelde contra los bajos salarios y la
peligrosa faena. Allí hizo su mayor labor revolucionaria como
miembro de una célula clandestina y trató de reclutar para la causa
revolucionaria al sector de los mineros. En esos años fue elegido
dirigente sindical.
Desde el golpe militar del 10 de marzo de 1952, Ramón se puso en
contacto con Frank País, quien lo designó más tarde dirigente de
Acción del Movimiento Revolucionario 26 de Julio. Por sus
actividades oposicionistas contra la tiranía fue perseguido por los
esbirros. En esas circunstancias la dirección insurreccional lo
envió a la Sierra Maestra. En agosto de 1957 se internó en las
montañas orientales al mando de un pelotón y alcanzó el grado de
capitán.
Ramón Paz Borroto dio extraordinarias pruebas de coraje. Peleó
con bravura durante la contraofensiva rebelde, se distinguió por su
heroísmo y fue ascendido a Comandante. Soldado incansable murió como
había vivido: en pie de lucha.