La
justicia en Estados Unidos tiene los ojos vendados. Mumia Abu Jamal
lo sabe. Fue procesado y condenado por un jurado racista que lo
incriminó de haber matado a un policía blanco en 1981.
Ahora una corte federal de apelaciones rechazó reconsiderar la
decisión de realizarle un nuevo juicio, aunque las evidencias
acumuladas sostienen su inocencia.
Fue demostrado que el agente Daniel Faulkner había sido impactado
con un arma calibre 44, mientras que la de Mumia era una 38. Un
veterano de la guerra de Vietnam, que vio todo el incidente, fue
intimidado y se le obligó a cambiar su historia. Otros testigos de
cargo fueron acosados. Miembros del jurado, que eran afroamericanos,
fueron cambiados antes de la celebración de la vista. La ejecución
de Jamal fue suspendida en diciembre de 1999, luego de que sus
defensores solicitaran la revisión del proceso para que se examinara
la confesión de Arnold Beverly, quien se declaró culpable del
asesinato.
En dos páginas el nuevo fallo de la corte ha denegado la petición
de este "controversial caso", según fue publicado en las agencias de
noticias. Caso que pone al desnudo cuánto de selectivo, racista y
arbitrario puede existir en el sistema judicial de un país que se
precia de ser campeón de los derechos humanos.
El abogado de Mumia, Robert R. Bryan, dijo que el próximo paso
será someter la causa a la Corte Suprema. Mumia hoy tiene 54 años,
desde 1982 está en el corredor de la muerte. Han transcurrido más de
dos décadas en las cuales Mumia ha luchado por probar su inocencia,
reconocida por el mundo, menos por el aparato que lo ha juzgado, y
que más que su muerte, quiere su silencio, según me confesara.