Llevar a dos vías esa arteria —de modo que quienes viajan desde
la cabecera provincial circulen por la antigua carretera y el
retorno transcurra sobre la nueva senda asfáltica— no es una
decisión basada únicamente en la imagen mucho más atractiva que
desde el punto de vista urbanístico le impregnará esa inversión al
recorrido por la zona. Como otros proyectos, este se sustenta
también en propósitos de gran alcance social y económico.
En opinión de Carlos San Martín, ejecutor al frente de la fuerza
constructora principal a pie de terreno (contingente Josué País, de
la ECOI 24) "estos trabajos deben facilitar la circulación de
vehículos en ambas direcciones, mejorar el acceso a la ciudad o
desde ella y disminuir por tanto las posibilidades de accidentes en
esta zona, donde el tránsito se incrementa en los horarios pico
durante todo el año y sobre todo en los meses del verano".
Aunque las labores comenzaron desde hace más tiempo, según afirma
San Martín, fue a partir de enero que fuerzas y medios de ese y de
otros contingentes intensificaron su actividad, empeñados en
concluir las labores correspondientes a esta primera etapa (hasta la
comunidad residencial Abel Santamaría) en torno a la conmemoración
del 26 de Julio.
Jornadas de hasta 12 y más horas de trabajo no han significado,
sin embargo, el apresuramiento a ultranza que tan nocivo efecto deja
para muchas obras en el país.
Precisamente a ese asunto se refirió aquí el Primer
Vicepresidente de los Consejos de Estado y de Ministros, José Ramón
Machado Ventura, cuando al recorrer parte de los proyectos que
impulsa la provincia sugirió trabajar sin apuros innecesarios,
terminarlos con calidad y exigir su cuidado y conservación.
Ese es el criterio que, a pesar del extenuante sol y de las
agotadoras jornadas, aplican hombres como Ernesto Tarregó y Teodoro
Martínez (operadores de motoniveladora y de buldócer,
respectivamente), el chofer Reynaldo Yero, la técnica Ada Lina
Caballero y el mecánico Pedro Wilson, cuya vasta experiencia le
permite continuar haciendo "milagros", a sus 73 saludables años de
edad, para que los sobrexplotados equipos no se detengan a la hora
decisiva.
En las manos de todos ellos está que, una vez concluida, esa
ampliación vial dignifique con creces el recuerdo de aquel grupo de
jóvenes muertos durante el asalto al Moncada, cuyos monumentos y
nombres se alzan a lo largo de esa misma carretera, hasta la
histórica Granjita Siboney, de donde partieron hace 55 años para
atacar la fortaleza militar de la tiranía batistiana en Santiago de
Cuba.