Las técnicas para determinar el grado de
afectación cerebral en soldados enviados a las guerras en Iraq y
Afganistán suscitan polémica hoy en Estados Unidos por la negativa
de algunos especialistas a reconocer las heridas internas.
El debate aumentó desde que en marzo último el Pentágono aceptó
atender las lesiones cerebrales traumáticas (TIP), pues doctores de
alto rango acusan a sus homólogos de confundir el estrés post
traumático con heridas más serias, advierte el diario USA Today.
De acuerdo con el rotativo, existe reticencia de parte de algunos
para diagnosticar las TIB, pues al menor indicio de lesión, los
soldados reciben una orden de desmovilización y el Ejército pierde a
un nuevo hombre.
Yo estoy seguro que hay varios comandantes furiosos conmigo
porque revisé a una x cantidad de efectivos y los envié de regreso a
casa, señala la mayor Shawna Scully, neuróloga destacada en la base
militar que el Pentágono utiliza como hospital de tránsito en
Alemania.
Scully refiere que ante el más mínimo indicio de lesión ella
retiene al soldado, pero otros no corren con la misma suerte y,
según el periódico, vuelven al campo de operaciones con afectaciones
cerebrales serias.
Ese es el caso del sargento Chad Joiner, a quien detectaron su
patología tres años después de sufrir una conmoción y quedar
inconsciente durante un ataque de la resistencia iraquí a su
caravana, acota el diario.
Según el grupo de investigación RAND S.A., más de 320 mil
militares movilizados en Afganistán e Iraq sufrieron lesiones
cerebrales, causantes de malestares como dolores de cabeza crónicos,
problemas de equilibrio y pérdida de la memoria a corto plazo.
Muchos de ellos regresan al campo de batalla luego de ser
atendidos sus problemas, lo que cuesta al contribuyente
norteamericano unos 30 mil dólares al año por casos leves y
moderados, y 300 mil por trastornos severos.