Desde que el 26 de Julio de 1953 atacamos el Moncada hemos
logrado e incluso rebasado los objetivos que nos propusimos
entonces, aunque las tareas eran más difíciles de lo que en aquel
tiempo fuimos capaces de suponer.
Pero si aquel día éramos un puñado de hombres, hoy somos un
pueblo entero conquistando el porvenir (APLAUSOS).
Si antes nuestras manos, casi inermes, se enfrentaban al poder
que nos tiranizaba, hoy disponemos de un formidable ejército que
nació del esfuerzo tesonero de aquellos combatientes, equipado con
los medios más modernos y del cual todos los compatriotas capaces de
empuñar las armas son soldados.
Si antes nuestro aparato político era un reducido contingente de
cuadros y los hombres que militaban en nuestras filas eran unos
cuantos cientos, hoy tenemos un Partido de más de 100 000 militantes
y miles de cuadros abnegados y firmes (APLAUSOS). De la unión de
todos los revolucionarios nació ese partido. Unión que se forjó en
el desinterés y el renunciamiento más ejemplar, como símbolo de que
una nueva era surgía en nuestra patria. Así, de una forma admirable,
comenzamos a recorrer el nuevo camino, sin caudillos, sin
personalismos, sin facciones, en un país donde históricamente la
división y el conflicto de personalidades fue la causa de grandes
derrotas políticas. Como el Partido Revolucionario Cubano de la
independencia, hoy dirige nuestro Partido la Revolución. Militar en
él no es fuente de privilegios sino de sacrificios y de consagración
total a la causa revolucionaria. Por ello en él ingresan los mejores
hijos de la clase obrera y del pueblo, velando siempre por la
calidad y no la cantidad. Sus raíces son las mejores tradiciones de
la historia de nuestro pueblo, su ideología es la de la clase
obrera: el marxismo-leninismo. Él es depositario del poder político
y garantía presente y futura de la pureza, consolidación,
continuidad y avance de la Revolución. Si en los tiempos inciertos
del 26 de Julio y en los primeros años de la Revolución los hombres
jugaron individualmente un rol decisivo, ese papel lo desempeña hoy
el Partido. Los hombres mueren, el Partido es inmortal (APLAUSOS).
Consolidarlo, elevar su autoridad, su disciplina, perfeccionar
sus métodos de dirección, su carácter democrático y elevar el nivel
cultural y político de sus cuadros y militantes, es deber ineludible
de todos los revolucionarios. (Continuará)