El Moncada nos enseñó a convertir los reveses en victorias (14)

El discurso pronunciado por el Comandante en Jefe Fidel Castro el 26 de julio de 1973 en ocasión del XX Aniversario del asalto al Moncada, constituyó una lección de historia y un llamado de alerta sobre los graves problemas que acecharían a la humanidad. Por el conocimiento histórico y político que aporta, Granma lo reproduce por partes en homenaje al aniversario 55 de la gesta

Desde que el 26 de Julio de 1953 atacamos el Moncada hemos logrado e incluso rebasado los objetivos que nos propusimos entonces, aunque las tareas eran más difíciles de lo que en aquel tiempo fuimos capaces de suponer.

Pero si aquel día éramos un puñado de hombres, hoy somos un pueblo entero conquistando el porvenir (APLAUSOS).

Si antes nuestras manos, casi inermes, se enfrentaban al poder que nos tiranizaba, hoy disponemos de un formidable ejército que nació del esfuerzo tesonero de aquellos combatientes, equipado con los medios más modernos y del cual todos los compatriotas capaces de empuñar las armas son soldados.

Si antes nuestro aparato político era un reducido contingente de cuadros y los hombres que militaban en nuestras filas eran unos cuantos cientos, hoy tenemos un Partido de más de 100 000 militantes y miles de cuadros abnegados y firmes (APLAUSOS). De la unión de todos los revolucionarios nació ese partido. Unión que se forjó en el desinterés y el renunciamiento más ejemplar, como símbolo de que una nueva era surgía en nuestra patria. Así, de una forma admirable, comenzamos a recorrer el nuevo camino, sin caudillos, sin personalismos, sin facciones, en un país donde históricamente la división y el conflicto de personalidades fue la causa de grandes derrotas políticas. Como el Partido Revolucionario Cubano de la independencia, hoy dirige nuestro Partido la Revolución. Militar en él no es fuente de privilegios sino de sacrificios y de consagración total a la causa revolucionaria. Por ello en él ingresan los mejores hijos de la clase obrera y del pueblo, velando siempre por la calidad y no la cantidad. Sus raíces son las mejores tradiciones de la historia de nuestro pueblo, su ideología es la de la clase obrera: el marxismo-leninismo. Él es depositario del poder político y garantía presente y futura de la pureza, consolidación, continuidad y avance de la Revolución. Si en los tiempos inciertos del 26 de Julio y en los primeros años de la Revolución los hombres jugaron individualmente un rol decisivo, ese papel lo desempeña hoy el Partido. Los hombres mueren, el Partido es inmortal (APLAUSOS).

Consolidarlo, elevar su autoridad, su disciplina, perfeccionar sus métodos de dirección, su carácter democrático y elevar el nivel cultural y político de sus cuadros y militantes, es deber ineludible de todos los revolucionarios. (Continuará)

 

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