A 22 kilómetros de la Plaza de la Revolución, en la arboleda
junto al Mausoleo de El Cacahual —erigido en memoria del
Lugarteniente General Antonio Maceo y el Capitán Ayudante Panchito
Gómez Toro—, la alta dirección del Partido Comunista de Cuba decidió
dar sepultura a quien tan hondo caló en el corazón del pueblo
cubano.
Acerca de esa decisión expresó el Comandante en Jefe Fidel
Castro, el 26 de abril de 1987, en la despedida de duelo de este
hombre excepcional, de singulares virtudes y extraordinario talento,
revolucionario ejemplar que dedicó por entero su vida a la causa de
los humildes.
"¼ Con la singular lucidez que le
acompañó en todos sus combates, hace varios años, cuando su salud
física comenzaba ya a quebrarse preocupantemente, el compañero Blas
hizo llegar a la dirección de nuestro Partido su deseo de que, a su
muerte, sobre la cual en ese momento él reflexionaba con naturalidad
y madurez, sus restos fuesen sepultados, según sus propias palabras,
‘en la tierra pelada’, es decir, que no se inhumasen en un panteón.
"La dirección de nuestro Partido, al respetar la voluntad del
compañero Blas, interpreta esta solicitud suya como una expresión
más de su humildad y su modestia, ya que ella envuelve el afán de
que, aun después de muerto, perdure la auténtica sencillez que le
caracterizó.
"Es por ello que se adoptó la decisión de sepultarlo en las
inmediaciones de El Cacahual, en la tierra sagrada de la Patria, a
la que consagró su vida. Hasta allí los miembros de la dirección de
nuestro Partido acompañarán sus restos junto a sus familiares. Y en
ese lugar donde le dejaremos, sin faltar a su deseo, habrá solo una
modesta lápida."
En el Cacahual yace Blas Roca Calderío, a pocos metros del Titán
de Bronce, de Panchito, y también de Juan Fajardo Vega, el último
mambí. Allí está escoltado para la eternidad por los monumentos al
coronel Juan Delgado, quien al frente de una diezmada tropa
recuperara los cuerpos de Maceo y su ayudante, y a Pedro Pérez y sus
hijos, fieles y celosos guardianes de tan ilustres restos.