Dos jóvenes frente al terror

Raquel Marrero Yanes

¿Dónde está el "Pájaro loco"? —preguntaba el sanguinario Esteban Ventura a todo revolucionario que caía en sus manos—. ¡A ese lo tenemos que agarrar!

Pedro Martínez Brito.

También Tato era buscado por las fuerzas represivas desde que supieron que estaba en Cuba.

Para Pedro Martínez Brito ("Pájaro loco") y José Rodríguez Vedo ("Tato"), estudiantes miembros del Directorio Revolucionario, la tarea principal consistía en descabezar a la tiranía de Batista. No obstante su juventud (23 y 19 años, respectivamente), acumulaban una rica hoja de servicios como combatientes en la clandestinidad y preferían morir como héroes antes que vivir bajo aquel régimen opresivo.

José Rodríguez Vedo.

Pedro sobresalía como estudiante del Instituto de Segunda Enseñanza en Ciego de Ávila. De carácter afable, alegre, dinámico y rebelde ante la injusticia, estaba siempre en la vanguardia estudiantil. Fue dirigente de la Federación Estudiantil Universitaria y uno de los asaltantes a Radio Reloj.

"Tato" era chispeante, generoso y buen amigo. Sus energías e inteligencia las puso a disposición de la lucha revolucionaria como soldado de primera fila, y participó, en su natal Camagüey, en la Huelga del 9 de Abril.

La imprudencia de un compañero de ambos, detenido por los sicarios cuando portaba varias direcciones escritas en una caja de fósforos, posibilitó el acoso a los combatientes clandestinos. El 10 de julio de 1958 fueron sorprendidos por los esbirros; ese día se refugiaban en el tercer piso de un edificio de la calle B, en el Vedado. Al llegar las fuerzas represivas se ven obligados a saltar a las azoteas vecinas para intentar salir con vida del cerco enemigo.

"Tato" es descubierto, y cae a un pasillo con las dos piernas fracturadas y desgarraduras en el cuerpo. Lo arrastran hasta la calle y lo acribillan a balazos.

Pedro logra alcanzar una azotea y salir a la calle, pero dan con él cuando trataba de orientarse. Lo torturaron, pero de sus labios no salió una sola palabra. Tanta firmeza y rebeldía enfureció a sus captores y también lo asesinaron.

Los cuerpos sin vida de los dos revolucionarios fueron tirados en el interior de un automóvil.

Las muertes de Pedro Martínez Brito y José Rodríguez Vedo demostraron una vez más cuánto terror fue capaz de sembrar la tiranía batistiana en su afán de aplastar la acción revolucionaria de los mejores hijos del pueblo.

 

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