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A escasos días de concluir en el Senado mexicano el debate sobre la
petrolera estatal PEMEX se acentúa la guerra verbal entre los
partidarios de la reforma energética del Ejecutivo y quienes la
rechazan por considerarla privatizadora.
La víspera la bancada del gubernamental Partido Acción Nacional
(PAN) desestimó la propuesta del Frente Amplio Progresista,
integrado por los Partidos de la Revolución Democrática (PRD), del
Trabajo y Convergencia, de construir un acuerdo nacional en torno a
PEMEX.
Los panistas arremetieron contra la idea de focalizar la
discusión en la conveniencia de un referendo nacional para decidir
sobre el futuro del petróleo mexicano.
El senador por el PAN Rubén Camarillo se opuso a la consulta
popular, alegando que el PRD ha perdido autoridad moral para esa
convocatoria, dado que aún no ha decidido sobre la elección de su
dirigente nacional, realizada en marzo pasado.
En contraposición, el coordinador de la bancada perredista,
Camacho Solís, consideró que los ataques de los parlamentarios del
PAN responden al temor que genera el previsible resultado del
plebiscito petrolero.
Solís se preguntó por qué se desestima tanto la voluntad popular
e insistió que el Senado debe ser el primero en convocar a un
referendo en correspondencia con lo que se supone debe ser una
práctica parlamentaria orientada en beneficio de la sociedad.
Mientras, sectores contrarios a la privatización de PEMEX
intensifican en esta capital la campaña de difusión con miras a la
consulta ciudadana del próximo 27 de julio
Ricardo Ruiz y Guillermo Orozco, dirigentes del PRD y de
Convergencia, respectivamente, explicaron que el proceso divulgativo
tiene como objetivo profundizar en la población sobre los peligros
que corre la soberanía nacional.