Los estragos de las crisis provocadas por el encarecimiento de
los precios de los alimentos y el petróleo, la crisis financiera, la
Ronda de Doha sobre libre comercio, la ayuda a África y la lucha
contra el cambio climático centraron los debates durante tres días
en la localidad de Toyako, en la norteña isla nipona de hokkaido,
sin que se lograran satisfacer las expectativas levantadas por el
encuentro.
En el último día de deliberaciones, los jefes de Estado o de
Gobierno de Alemania, Canadá, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña,
Italia, Japón y Rusia se comprometieron a reducir en un 50% para el
2050 la emisión de gases contaminantes, pero sin metas que
fiscalizar, generando fuertes críticas entre organizaciones
ecologistas internacionales.
Al respecto, el Fondo Mundial para la Naturaleza denunció en un
comunicado que el G8 es responsable del 68% del dióxido de carbono
acumulado en la atmósfera, lo cual lo convierte en el principal
culpable y en la mayor parte del problema, subrayó.
Entretanto, el grupo ambientalista Greenpeace coincidió en que el
foro fue un fallo completo, pues se eludió adoptar objetivos claros
para reducir las emisiones de gases a mediano plazo.
Por su parte, los países emergentes nucleados en el Grupo de los
Cinco (G5), China, India, Brasil, México y Sudáfrica, en una reunión
con sus pares del G8, abordaron el tema de la crisis alimentaria
mundial y sugirieron la creación de un programa internacional que
permita compensar con ingresos la pérdida de poder adquisitivo de
las familias más pobres, debido al aumento en los precios de los
alimentos. (SE)