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Un verano sin exceso de velocidad

LINO LUBEN PÉREZ

La temporada anual de verano en Cuba constituye ya una tradición durante los meses de julio y agosto, cuando cada persona de forma individual o en grupo escoge para disfrutar sus vacaciones entre una oferta tan variada y extensa.

Entonces proliferan viajes a las playas, instalaciones de campismo, piscinas, recorridos por lugares históricos y recreativos, para lo cual la familia recurre a los más diversos medios de transportación para trasladarse de un lugar a otro, sobre todo ahora que es ostensible su mejoramiento en cantidad, aunque no tanto en calidad.

De modo que así se genera una gran circulación de vehículos y personas que convierten esos 60 días en uno de los períodos más peligrosos de la circulación vial.

Un hecho elocuente es que en 2007, en comparación con 2006, aumentaron los accidentes de tránsito y los lesionados en 45 y 196, respectivamente, mientras que disminuyó en 24 la cantidad de fallecidos.

El exceso de velocidad y la ingestión de bebidas alcohólicas son las indisciplinas sociales esenciales, al igual que no prestar la debida atención al control y dirección del vehículo, no ajustarse el cinturón de seguridad y tampoco cumplir las normas para la transportación masiva de personas.

Es cierto que influye mucho la presencia de las autoridades policíacas en las principales vías de circulación hacia los lugares recreativos, por su papel en la prevención y en el cumplimiento de cada una de las disposiciones de tránsito recogidas en la Ley 60.

Contribuyen, igualmente, las operaciones de organismos estatales en bases de transporte para comprobar y eliminar los principales factores de riesgo: el estado técnico de los vehículos, la aptitud de los chóferes profesionales, su recalificación  y exámenes médicos.

El proverbial sentido de la Policía Nacional Revolucionaria por la seguridad de la ciudadana cubana incluye para 2008 el mejoramiento de las vías hacia las zonas de recreación, sobre todo en tramos de concentración tradicional de accidentes, la organización de parqueos y el reordenamiento del tránsito.

Una disposición que se mantiene hace años es la prohibición de circulación de vehículos de tracción animal en el horario del anochecer al amanecer, en aquellas provincias donde suelen ser usados y en momentos de una muy irracional, como si fueran taxis privados de cuatro patas.

Pero el escenario de la previsión estaría incompleto sin la intervención de la familia en la educación de niños, jóvenes y adolescentes, que juegan en calles y parques, en ocasiones sin mucho acierto ni concierto.

Tanto es así que algunos de ellos se enganchan como si fueran remolques detrás de ómnibus, bajo la lluvia o no, en una operación inadecuada hasta para los circenses y con un desprecio absoluto para su vida.

En esas condiciones, hay quien reclama la presencia de agentes policíacos, sin percatarse de que no se pueden clonar y dejarles a ellos solamente la responsabilidad de la prevención.

Decididamente, la felicidad y el bienestar de los familiares dependen de la conducta responsable que se manifieste en la vía pública, en verano o sin él. (AIN)

 

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