Nelson Mandela cumple 90 años el próximo 18 de
julio. De ellos, 27 los pasó en la cárcel. Su lucha antiapartheid,
sus actividades dentro del movimiento revolucionario sudafricano, y
su valor extraordinario, fueron las causas —o quizás el privilegio—
por el cual un día el gobierno de Estados Unidos lo incluyera en una
"lista negra de terroristas".
El combatiente y organizador de la lucha contra
la segregación racial —firme e intransigente, aun en el cautiverio
donde permaneció por casi tres décadas—, de consecuente apego a los
principios de independencia y solidaridad para con los africanos y
el mundo todo, ganó el lugar cimero que le corresponde en la
historia. El Premio Nobel de la Paz que le fue conferido es solo una
parte de las congratulaciones merecidas por el legendario líder,
luego elegido con el voto masivo de sus conciudadanos como el primer
presidente negro de Sudáfrica.
Sin embargo, su nombre estuvo hasta el martes 1
de junio en la relación de supuestos "terroristas", según la visión
de W. Bush.
Un presidente al frente de un imperio agresor; un
George W. Bush sin mérito, sin valores humanos y mucho menos de
solidaridad —ya de retirada en el nefasto peregrinar por la Casa
Blanca—, firmó la ley para quitar de esa relación a Nelson Mandela.
La citada legislación, rubricada por el
terrorista mayor, permitirá a Mandela viajar a EE.UU., sin que el
Departamento de Estado de ese país deba certificar que no es un
terrorista.
Es impúdico, pero real, y hasta la secretaria de
Estado, la señorita Condoleezza Rice —íntima de Bush—, dijo meses
atrás al Congreso que se sentía "molesta" por esta situación. ¡Qué
falta de respeto con la palabra ley!