El presidente George W. Bush y el
Partido Demócrata mantienen hoy serias divergencias por las medidas
a aplicar para enfrentar la crisis energética que vive Estados
Unidos.
Aunque ambas partes coinciden en la necesidad de buscar una
solución, las acciones a seguir distancian a las partes.
Mientras la Casa Blanca aboga sólo por levantar todo tipo de
restricciones a la exploración y perforación de pozos tanto en la
plataforma marina del país como en tierra firme, la oposición
reclama medidas más amplias.
Los planes de Bush de acabar con la prohibición de construir
instalaciones petroleras en aguas territoriales y áreas federales,
entre ellas abrir las reservas naturales a la explotación,
levantaron duras críticas de los demócratas y grupos ecologistas.
El gobernante sólo busca favorecer a las grandes compañías del
sector y carece de ideas para solucionar la crisis, denunció la
legisladora Hilda Solís.
Según la congresista las empresas petroleras tienen acceso a
cerca de 30 millones de hectáreas en Estados Unidos que no han sido
exploradas.
Para la representante, la política energética no puede basarse
sólo en la extracción de crudo, sino en la búsqueda de fuentes
alternativas y renovables, además del ahorro.
El diario californiano La Opinión fustigó duramente la pasada
semana la estrategia del Ejecutivo, la cual, estimó, está motivada
por los vínculos del gobierno con las trasnacionales.
El matutino recordó que hace 27 años el Congreso fijó una
moratoria para impedir la explotación de petróleo en las costas
norteamericanas, lo cual consideró una sabia idea, aunque ahora el
gobernante la quiere sepultar.
La estrategia del aspirante republicano a la Casa Blanca, Jonh
McCain, es similar a la del jefe de Estado.
Sin embargo, su oponente, el demócrata Barack Obama, rechaza esa
idea y abogó por terminar con una excepción legislativa que
beneficia a las compañías petroleras, porque, estimó, favorecen la
especulación y por tanto elevan los precios del crudo.