Pudiera pensarse que la novena edición del Torneo Internacional
de Béisbol Huelga in Memóriam no tiene ninguna trascendencia, por la
pobre presencia de equipos foráneos y la neta superioridad de los
dos seleccionados cubanos sobre sus rivales puertorriqueños y
venezolanos.
No es así, sin embargo, cuando pensamos en la cercanía del torneo
de este deporte en los Juegos Olímpicos de Beijing. En todos los
deportes colectivos resulta imposible sustituir el juego táctico, la
variedad de situaciones que pueden presentarse, por el
entrenamiento, por muy fuerte que este sea.
Al mismo tiempo, no es recomendable bajar la carga de trabajo
aunque se tenga que jugar en horas de la noche, pues todos los
técnicos están de acuerdo en que para buscar una forma deportiva a
dos meses de una confrontación elite se necesita entrenar
diariamente.
De ahí que, en ocasiones, la ofensiva se vea mermada, como en la
noche del miércoles, cuando los peloteros cubanos salieron al
diamante después de una dura sesión de pesas, imprescindible para
ganar en fuerza y resistencia a largo plazo.
Además, el juego viene a romper la monotonía del esfuerzo diario
y ayuda a elevar el pensamiento táctico, tanto individual como por
equipo. Y, al mismo tiempo, contribuye a incrementar el espíritu
competitivo: a pesar del cansancio, hay que salir a ganar cada
partido y ser capaces de voltear un marcador adverso.
Eso han hecho nuestros jugadores, tanto los del Azul como los del
Rojo. Por esa razón, el Huelga le ha venido de perillas, a pesar del
desnivel de calidad entre ellos y sus rivales. La forma deportiva
debe de llegar cuando falten pocos días para el 13 de agosto, fecha
inaugural del torneo olímpico.