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Con la esperanza de encontrar en la canciller federal alemana, Angela
Merkel, un anfitrión menos hostil, George W. Bush inició hoy su última
visita a esta capital en calidad de presidente estadounidense.
Bush busca un respaldo de Merkel a su campaña contra Irán y sus
propósitos de desarrollar un programa atómico que Washington considera
vinculado a planes para desarrollar el arma nuclear, mientras Teherán
defiende su carácter pacífico.
Alemania forma, junto a Francia y Gran Bretaña, un grupo de
naciones europeas que negoció en los últimos años lo relacionado con
los planes nucleares de la República Islámica.
Sin embargo, temas como la situación en Afganistán demuestran la
persistencia de diferencias germano-norteamericanas que siguieron a la
invasión unilateral de Estados Unidos y Gran Bretaña contra Iraq, en
2003, rechazada entonces por Berlín, opinan medios de prensa locales.
Ahora, Bush desea reforzar la presión sobre el gobierno germano
para que apoye con más tropas al contingente estadounidense desplegado
en el sur y oeste de Afganistán, donde es más fuerte la resistencia
armada a la ocupación extranjera.
El periplo de despedida de una semana por Europa parece dejar un
sabor amargo para el mandatario norteamericano, a quien
responsabilizan con la pérdida de influencia y respeto de Estados
Unidos en el orbe, comenta la prensa capitalina.
Bush se vio obligado a lanzar promesas para alcanzar antes de
finalizar este año un posible acuerdo global sobre emisiones de gases
contaminantes, cuando su país es considerado responsable de la
expulsión a la atmósfera del 20 por ciento de esas sustancias tóxicas.
Tras participar ayer en la Cumbre de su nación y la Unión Europa,
en Eslovenia, el jefe de la Casa Blanca se reúne con las autoridades
alemanas antes de viajar a Italia, Francia y Gran Bretaña.