El pasado 4 de junio, la secretaria de Estado, Condoleezza Rice,
presentó el informe anual sobre la Trata de Personas, correspondiente
al 2008, en el que, por sexto año consecutivo, el Gobierno de los
Estados Unidos incluyó a Cuba en la lista de países a los que acusa de
no realizar esfuerzos significativos para enfrentar el supuesto
tráfico interno de niños y mujeres con fines de explotación sexual y
calificó a nuestro país de destino de turismo sexual, entre otras
graves y totalmente infundadas acusaciones.
Por primera vez, la potencia imperial también decidió incluir en
ese informe varias recomendaciones al gobierno cubano sobre cómo
enfrentar ese fenómeno.
Al mismo tiempo, el informe amenazó con sancionar a los países
acusados de incumplir lo requerido por la Secretaría de Estado en la
materia, privándolos de recibir asistencia del Gobierno de los Estados
Unidos, algo que para Cuba no tiene menor relevancia, por haber estado
sometida durante casi medio siglo a esa y otras medidas que forman
parte del grueso expediente de la política de bloqueo, aplicada con
todo rigor y crueldad para tratar de doblegar al pueblo cubano.
El Ministerio de Relaciones Exteriores rechaza categóricamente el
contenido de este nuevo informe del Departamento de Estado, que
desconoce y tergiversa la realidad cubana, en su empeño por justificar
la criminal política de bloqueo, agresiones y hostilidad del Gobierno
de los Estados Unidos contra Cuba.
El informe pretende denigrar la obra social y moral de la
Revolución cubana, en particular, la prioridad otorgada a la atención
de las mujeres y los niños, reconocida ampliamente a nivel
internacional. También se propone desacreditar el sano y creciente
desarrollo de nuestra industria turística, a la que niegan totalmente
el acceso al mercado de los Estados Unidos y tratan de socavar por
todas las vías posibles.
El Gobierno de los Estados Unidos, y particularmente la
administración Bush, cuya política atenta de manera permanente contra
los derechos humanos del pueblo cubano, no tiene ninguna moral ni
credibilidad para acusar a Cuba y mucho menos para emitir cínicas
recomendaciones de lo que nuestro país debe hacer en esta materia.
Cuba no reconoce valor alguno al contenido del informe del
Departamento de Estado, consciente de que, solo gracias a la obra de
la Revolución y a pesar de la política de los Estados Unidos, ha
podido elevar, desde 1959 y hasta niveles insospechados, el nivel de
bienestar social de su población.
El intento de enturbiar la imagen de Cuba y de su industria
turística, y de ignorar la firme política desarrollada por el gobierno
cubano para impedir todo tipo de males sociales en ese sector y
sancionar severamente a los responsables de conductas tan reprobables,
solo puede explicarse por la obsesión del Gobierno de los Estados
Unidos de desconocer y tratar de frenar todo lo que represente un
avance para nuestro país, su economía y su sociedad.
Fue precisamente la Revolución la que eliminó para siempre las
condiciones que propician el turismo sexual y otros males asociados,
que existieron en nuestro país y fueron exacerbados por el dominio
neocolonial impuesto a Cuba hasta 1959 por el imperialismo yanki.
El Gobierno de los Estados Unidos tiene mucho que hacer en su
propio país, para enfrentar los fenómenos allí rampantes de la
prostitución, la explotación sexual, el trabajo forzado y el tráfico
de personas.
Está a años luz de las garantías que Cuba brinda a sus ciudadanos,
sobre todo a niños, mujeres y ancianos, en las esferas de la salud, la
educación, la seguridad y bienestar social.
El Gobierno de los Estados Unidos tiene mucho que aprender de Cuba
y no está en condiciones de aleccionar a nadie.
La Habana, 8 de junio del 2008