Cabildeos de última hora marcan
un compás de espera por la Declaración de Roma, el documento que
adoptarán las delegaciones participantes en la Cumbre sobre
Seguridad Alimentaria que termina hoy aquí.
El director general de la Organización de Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO), Jacques Diouf, trataba de
alcanzar una fórmula de consenso en medio de posiciones encontradas
entre el bloque del Sur y los países desarrollados.
Según fuentes diplomáticas, los expertos estuvieron hasta la
madrugada intentando encontrar un acuerdo sobre el texto, que para
muchos no será el ideal pero tendrá el mérito de colocar el problema
de la hambruna entre las prioridades internacionales.
La idea de un compromiso concreto mundial, en especial de las
naciones con mayores recursos, parece limitarse de momento a
donaciones o préstamos blandos y con bajos intereses, que desvirtuan
la trascendencia del asunto.
Frases impactantes como la del secretario general de la ONU, Ban
Ki-moon, de que no se puede perder tiempo en una batalla por la
salvación de la humanidad, o del Papa Benedicto XVI, tuvieron gran
impacto mediático.
Su Santidad fue muy claro en su mensaje a la cita, al subrayar
que el hambre y la desnutrición son inaceptables en un mundo que
dispone de niveles de producción, recursos y conocimientos
suficientes para poner término a ese tipo de dramas y consecuencias.
Es claro que no ha madurado la conciencia internacional frente a
los peligros que nos acechan (...) no creo que se darán aquí
soluciones reales, cuando más marcará un camino para continuar el
proceso, dijo un delegado cubano.