Después de una sesión expedita, el panel de tres jueces de la Corte
de Apelación de Nueva Orleans que convocó y presidió ayer la audiencia
en el caso migratorio del terrorista Luis Posada Carriles, se retiró
sin ni siquiera pronunciarse sobre la validez de la solicitud
presentada por la llamada Fiscalía antiterrorista del gobierno
federal, perpetuando la maniobra dilatoria orientada por la
administración de George W. Bush.
En virtud de las leyes norteamericanas, los magistrados no tienen,
a partir de ahora, plazo alguno para decidir si consentirán o no
estudiar la apelación como tal.
Mientras tanto, Luis Posada Carriles se queda libre en Miami,
residiendo en un lugar que su pandilla terrorista mantiene secreto
"para proteger su privacidad", mientras realiza ruidosas apariciones
en eventos públicos organizados por su "comité de apoyo" para
predicar, con su sola presencia, el uso del terrorismo contra Cuba.
Colmo de la impudencia, los abogados de Posada reiteraron ante el
tribunal las mentiras expresadas por el criminal en el curso de su
interrogatorio por oficiales de los servicios norteamericanos de
Inmigración.
"Hoy su abogada le dijo al juez Higgenbotham que Posada entró, con
la ayuda de un ‘coyote’, en un camión desde México. Como si fuera un
trabajador agrícola que viene a cosechar alcachofas en California",
reportó el abogado José Pertierra, quien representa al Gobierno de
Venezuela en la solicitud de extradición del terrorista internacional.
Carriles jura que entró a territorio estadounidense por la frontera
mexicana en marzo del 2005, cuando está demostrado y documentado que
viajó desde Isla Mujeres, México, en el barco camaronero Santrina,
propiedad del terrorista Santiago Álvarez Fernández-Magriñá.
"El principal cómplice que Posada quiere proteger es a Santiago
Álvarez", comentó el jurista. "Ayudar a un terrorista a ingresar
ilegalmente a los Estados Unidos es un delito serio que conlleva más
de 30 años de prisión", agregó.
Pero, increíblemente, dos de los tres jueces encargados de este
caso tienen lazos, como el mismo terrorista, con la US Army. Mientras
uno fue fiscal con el cuerpo judicial del ejército, el segundo fue
juez militar en Iraq y posee el rango de teniente coronel de la
Guardia Nacional. El juez Patrick Errol Higginbotham fue miembro del
"Cuerpo de Jueces Abogados" (JAG por sus siglas en inglés) de la
Aviación militar norteamericana, desde 1961 hasta 1964. Los JAG
constituyen el sistema judicial que maneja las cortes marciales y el
conjunto de los procedimientos legales que involucran al ejército.
Septuagenario nacido en Alabama, fue nombrado a la Corte de
Apelación de Nueva Orleans en 1982 por nada menos que el presidente
Ronald Reagan.
El juez Leslie H. Southwick, un tejano de pura cepa nacido en 1950
en la localidad de Edinburg, se ausentó de su puesto desde agosto del
2004 hasta enero del 2006, para participar en la ocupación de Iraq
como juez y fiscal general con la 155 Brigada de combate de la Guardia
Nacional de Mississippi, de la cual es teniente coronel.
Entretanto, Posada salió con rango de segundo teniente de la
Academia militar de Fort Benning, donde la US Army, a principios de
los años sesenta, bajo orientación de la CIA, formó a elementos
"duros" de la funesta expedición de Playa Girón.
La apelación de los abogados del Departamento de Justicia es única
y exclusivamente relacionada con la entrada ilegal de Posada en
Estados Unidos. Aunque se señala en las alegaciones presentadas ante
el tribunal las actividades terroristas del acusado, este nunca ha
sido reconocido como terrorista por el gobierno de Bush.
Lo más extraño de este proceso concebido para evitar a Posada la
extradición, es que la Fiscalía mantiene el caso de fraude migratorio,
cuando la jueza que liberó a Posada ya expresó que como el acusado ya
ha estado preso por más de un año, tendría que liberarlo
inmediatamente si fuese condenado bajo esta inculpación.