Hace 97 años, un 29 de mayo, nació Lázaro Peña González en el
barrio Los Sitios, en Ciudad de La Habana, en el seno de una familia
de tez mestiza, razón suficiente para padecer los desmanes de una
sociedad que rendía culto a la discriminación. De niño soñó con ser
violinista, pero se lo impidió la pobreza.
Su escuela fue la fábrica, el taller y el trabajo, la explotación
y la lucha misma. Con apenas 12 años comenzó a trabajar como
aprendiz en diferentes oficios. Finalmente su madre lo llevó a la
fábrica de tabacos El Crédito, donde se inició en esa difícil labor.
En ese medio se formó como revolucionario, y devino destacado y
prestigioso dirigente obrero. Adolescente aún, ingresó en las filas
del clandestino Partido Comunista a finales de 1929, donde desempeñó
un importante papel en la lucha por la emancipación de los
trabajadores.
Por su inteligencia y talento ocupó diversos cargos sindicales,
en los que se propuso una meta: dotar al proletariado cubano de una
central sindical unitaria. Lo logró en 1939 cuando organizó la
Confederación de Trabajadores de Cuba, siendo su primer secretario
general.
Conducir la lucha del proletariado por el camino de la unidad fue
su objetivo fundamental, incluso más allá de las fronteras de Cuba.
Fue fundador de la Confederación de Trabajadores de América Latina (CTAL)
y de la Federación Sindical Mundial (FSM), en las que asumió
importantes responsabilidades.
La riqueza de sus dotes naturales como cuadro sindical, sus
cualidades de organizador, capacidad oratoria y su amor por los
trabajadores lo convirtieron desde los primeros momentos de su
actividad sindical en un líder obrero.
Rara vez lo vieron en la oficina detrás de un buró. Se mantenía
en permanente contacto con los obreros, para quienes siempre tuvo
una respuesta. Promovió la democracia sindical: mediante la
persuasión y el convencimiento: "Es mejor que se hable, es mejor que
siempre se discuta, es mejor que siempre haya opiniones, es mejor
que se manifieste cada uno", decía.
Con el triunfo de Enero de 1959 se inició una nueva etapa y la
CTC resurge con pujante fuerza. Lázaro Peña, después de un forzado
exilio, asumió las riendas de la clase obrera. Su principal labor
fue entonces la de sumar las masas trabajadoras a las tareas de la
Revolución. Se desempeñó como su secretario general desde 1961 a
1966. Luego pasa a otras responsabilidades en el Partido, hasta que
en el histórico XIII Congreso de la CTC es elegido secretario
general, función que desempeñó hasta su muerte.
Fallecido el 11 de marzo de 1974, su sepelio constituyó
manifestación de duelo del pueblo trabajador. En esa ocasión Fidel
expresó: "... Un día dijimos: en el pueblo hay muchos Camilos; hoy
decimos: entre los trabajadores hay muchos Lázaros. A ellos
corresponde continuar su obra"¼