"Son
muchos y de diverso alcance los proyectos; lo que verdaderamente
importa es trabajar para que Alejo sea siempre una presencia viva en
la cultura cubana", expresó la doctora Graziella Pogolotti al asumir
ayer en La Habana como nueva presidenta de la Fundación Alejo
Carpentier.
Su presentación tuvo lugar en la sede del Ministerio de Cultura,
donde su titular, Abel Prieto, miembro del Buró Político del
Partido, se refirió a la trascendencia del trabajo intelectual de
Graziella a lo largo de varias décadas y su conciencia crítica como
garantes de la nueva responsabilidad. De acuerdo con los estatutos
de la Fundación, correspondió al Ministerio de Cultura dar los pasos
necesarios para cubrir la vacante dejada por Lilia Esteban, viuda de
Carpentier, quien falleció el pasado febrero, y asegurar la
continuidad y desarrollo de la institución. Los presentes en el acto
evocaron, además, la larga y entrañable amistad entre Lilia y
Graziella.
"No puedo ocultar mi entusiasmo —comentó la Pogolotti a Granma—
ante una misión tan estimulante. La Fundación tiene que proyectarse
en el amplio espectro de la vida y la obra de Alejo, un hombre al
que casi nada fue ajeno: la arquitectura, la música, las artes
visuales, el cine, el periodismo y, desde luego, la literatura."
En lo adelante, la institución tendrá dos sedes; la original,
donde el novelista situó el punto de partida de los personajes de
El siglo de las luces, en la calle Empedrado, a dos pasos de La
Bodeguita del Medio y escasos cincuenta metros de la Plaza de la
Catedral —abocada a un proceso de restauración por parte de la
Oficina del Historiador de la Ciudad—, y la casa de Lilia, en El
Vedado.
Una vez culminada su restauración, el inmueble de La Habana Vieja
pondrá su acento en la promoción social del legado carpenteriano y
de los temas que le fueron afines al escritor. "Tendrá la dinámica
de un centro cultural con programas de carácter público y algunos
destinados a sectores específicos, como los maestros y los jóvenes",
acotó la Pogolotti. En El Vedado se concentrarán los procesos de
documentación y las tareas investigativas, "aunque quisiéramos
conservar intacta —observó— la salita donde Lilia recibía a sus
amistades en tertulias inolvidables".
Pero en el orden inmediato, la cercanía del 2009 impondrá tareas
impostergables: el año próximo se conmemorará el aniversario 105 del
nacimiento del escritor y los 60 de la publicación de El reino de
este mundo. Existen planes para la presentación en la Feria
Internacional del Libro Cuba 2009 de una edición popular de la
paradigmática novela y se impulsarán los trabajos para que meses
después pueda ver la luz la tan esperada edición crítica.
La ocasión fue propicia para indagar acerca de cuándo y cómo
Alejo entró en la vida de Graziella: "Alejo solía decir que me
conoció antes de que yo lo conociera a él. Y tenía razón. Me vio de
niña, pues era muy amigo de mi padre y se visitaban en París antes
de la Segunda Guerra Mundial. Ambos recordaban una anécdota en la
que fui protagonista. Una noche celebraban una fiesta, había comida
y música cubanas. Y para no molestar a la niña, llevaron mi cuna a
la habitación del baño. Era una cuna clásica, de esas con cortinas.
En una de esas, Alejo, según contó, advirtió que la niña estaba
despierta, al tanto de la música, pues descubrió cómo con un dedo
estaba descorriendo el cortinaje, imbuida del jolgorio de los
mayores".
"Años después, como algo natural, fui leyendo sus artículos y
notas —creo debe estudiarse a fondo su producción periodística—, y
sus novelas. Escribí un comentario sobre El acoso y él leyó
aquella publicación. La recibió como una agradable sorpresa. La niña
había dejado de serlo y ahora era la crítica de su obra."