Aquí muy cerca está el teatro de operaciones de la Columna 4,
dirigida por el Che Guevara que tanto queremos y que tanto recordamos.
Por estos caminos pasó él cuando fue a tomar el cuartel de Bueycitos;
recuerdo que era alrededor del 31 de julio, al día siguiente de la
muerte de Frank País, y tomó aquel cuartel —me contaba Ramirito que la
defensa bien atrincherada estaba constituida por unos veintitantos
hombres—; allí ocuparon alrededor de 20 armas y constituyó una
compensación ante el inmenso dolor que todos sentíamos por la muerte
de Frank País.
Aquí libró muchos combates, porque aquí se había instalado una de
las fuerzas más agresivas y más sangrientas de la tiranía, educada en
el odio y estimulada por el consumo de la droga, ya que era habitual
en ellos tratar de incrementar su valor fumando marihuana. Y era,
efectivamente, de las más combativas, su jefe llegó a la Sierra de
teniente y se fue de coronel, sí, coronel herido de un balazo en la
cabeza al final de la última ofensiva enemiga.
Muy cerca de aquí combatió Guillermo con una tropa, y Ramiro quedó
al frente de esas posiciones al lado de acá del Turquino, en el flanco
derecho al este de La Plata, donde estaba ubicado el mando central del
Ejército Rebelde; allí también estaba un hospital rústico de madera y
guano que era muy importante, y estaba Radio Rebelde en el pico de una
montaña, con un kilowatt de potencia, que llegó a escucharse en todo
el país y se escuchaba más que cualquier otra emisora.
Es inolvidable que muy cerca de aquí se produjo, cuando ya
estábamos abriendo nuevos frentes, algo que ocurrió con anterioridad y
no había mencionado, el ascenso a Comandante, a finales de febrero de
1958, de Raúl y Almeida y la creación de dos columnas, la "Frank
País", al mando de Raúl, y la "Mario Muñoz" —un médico heroico que
murió en el Moncada— al mando de Almeida. Ambos tenían la misión de
avanzar hacia el este: Raúl, la de apartarse de la Sierra Maestra y
después atravesar el llano por las proximidades de Palma Soriano hasta
las montañas de lo que después fue el Segundo Frente Oriental, y
Almeida para crear el frente guerrillero en las proximidades de
Santiago de Cuba. Fue necesario mandar a buscar la fuerza de Almeida,
dos meses y medio después, en un momento muy crítico, porque después
del fracaso de la huelga de abril, la tiranía, envalentonada, lanzó 10
000 soldados de sus mejores tropas, apoyados por la aviación, tanques,
artillería, etcétera, contra el frente número uno de la Sierra
Maestra, realmente contra la Comandancia General, allí donde estaba
Radio Rebelde, el hospital y el mando.
De este sitio partió el batallón de Sánchez Mosquera y contra ese
ba-tallón, durante 10 días, Ramiro, al mando entonces de la Columna 4,
y Guillermo con parte de las fuerzas de Santiago enviadas como
refuerzo, retuvieron su avance, luchando encarnizadamente, con la
experiencia que ya ambos poseían. Aquel batallón armado hasta los
dientes y con fama de ser el mejor de los batallones, se encontró con
la resistencia, podíamos decir, de varias escuadras; no voy a decir
una compañía. Éramos demasiado pocos. Hace unos minutos le preguntaba
a Guillermo, debe haber tenido unos 30 o 40 hombres en esa zona y
trataba de impedir que el batallón enemigo llegara al firme de la
Sierra desde esta dirección. Aquella ofensiva, la última, la iniciaron
el 25 de mayo, cuando habían concentrado todas sus fuerzas de tierra y
aire. También actuaban por el sur las fragatas de la marina para
aislarnos y hostigarnos.
En ese momento, 25 de mayo, cuando iniciaron la ofensiva por Las
Mercedes, en el flanco izquierdo de nuestro frente, éramos bastante
menos de 300 hombres, no llegaba siquiera a 200 la fuerza con que
contábamos para resistir; pero ya habíamos solicitado a Almeida que
regresara con no menos de 50 hombres experimentados de las fuerzas
próximas a Santiago de Cuba, que habían llegado ya a la zona, de la
Columna 4, para esa fecha. A Camilo, que estaba en el llano, le
pedimos también que regresara y fueron llegando en un momento
oportuno.
Aproximadamente tres semanas después de iniciada la ofensiva, como
la lucha se hacía más intensa, el cerco en torno a La Plata, atacada
por varios batallones desde distintos puntos, se estrechaba, las
fuerzas para defenderla eran insuficientes, y una vez finalizados los
combates en Buey Arriba, el batallón de Mosquera, que no pudo llegar
al firme de la Sierra para avanzar desde allí hacia la Comandancia,
recibió órdenes de marchar hacia el oeste para penetrar en Santo
Domingo, en las inmediaciones de La Plata, a fin de atacar desde esa
dirección nuestro puesto de mando, adonde llegó el 19 de junio, tras
vencer la resistencia de dos escuadras rebeldes emboscadas, movimiento
que fue bastante sorpresivo. Esto trajo la necesidad de mover las
fuerzas que estaban defendiendo el firme más allá del Turquino, a fin
de crear una defensa más estrecha y sólida. El 28 y 29 de junio, horas
antes de que llegaran los refuerzos de Almeida y de Camilo, fuerzas de
la Columna 1 asestaron un golpe fuerte a dos batallones que al mando
de Sánchez Mosquera intentaban tomar La Plata, ocasionándoles grandes
bajas y pérdida de vidas y armamentos que pasaron a nuestro poder. Al
día siguiente, 30 de junio, en horas de la noche y ya con el apoyo de
las fuerzas de Almeida, de Ramiro y de Camilo, aprovechando la
desmoralización del enemigo, contraatacamos desde varias direcciones,
poniendo en duro aprieto a los dos batallones, aunque no logramos
dispersarlos ni rendirlos. Con la llegada de aquellos refuerzos fue
que sumamos aproximadamente 300 hombres, y contra ellos se estrellaron
los 10 000 soldados de las mejores tropas de la tiranía, en una lucha
sin tregua que duró alrededor de 70 días.
Avanzaron ellos más o menos durante 35 días, hasta que, habiendo
recibido severos y crecientes golpes, comenzaron a retroceder bajo
tenaz persecución de nuestras fuerzas, que crecía en número en la
medida que ocupábamos las armas al enemigo. Durante un periodo de
tiempo similar atacamos nosotros, y estuvo a punto de acabarse la
guerra en aquel momento; por suerte para ellos, y tal vez por
agotamiento de nuestros hombres que andaban ya descalzos, pudieron
escapar sus últimas unidades. Mosquera, que estaba cercado con su
batallón, fue herido durante una difícil y compleja retirada. Al cabo
de 70 días disponíamos de más de 900 hombres armados; puede decirse
que la única fuerza con la que no pudimos contar, ni era correcto
trasladar, era la fuerza del Segundo Frente, dada la distancia
imposible de vencer en breves días, y porque considerábamos que con
aquellas que estábamos reuniendo podía derrotarse la ofensiva.