La escuadra cubana pagó la cuota correspondiente a su inmadurez
en el torneo preolímpico de Dusseldorf. Cuando casi tenía el boleto
en la mano, se le escapó.
Tras una disertación a costa de España en el debut al ganar 3-1,
los alumnos de Orlando Samuels, después de imponerse en los dos sets
iniciales contra Alemania, 26-24, 25-21, perdieron la iniciativa y
los anfitriones, más maduros, reaccionaron 25-21, 25-18, 15-13 para
concluir invictos el certamen (derrotaron a España 3-2) y obtener la
clasificación rumbo a Beijing.
Pocos pensaron que el elenco antillano opusiera tanta resistencia
a elencos como España, oro de Europa, y Alemania, por poseer una
nómina cuajada de novatos, y porque antes de esta competencia clave
solo tuvo un entrenamiento de altura en Guatemala, dos encuentros
con China en La Habana y los cuatro partidos en Portugal frente a
los anfitriones y Eslovaquia.
Perder como lo hizo ante los teutones demuestra la inmadurez
lógica para jugar los finales, expresada en no encontrar la manera
de rematar a un contrario en franca desventaja.
La actuación también deja al descubierto la inexperiencia en la
administración de las fuerzas para mantener un ritmo parejo en todo
el partido, unida quizá a un exceso de confianza. Entre los novatos
el poco control de las emociones ejerce una influencia nefasta sobre
su concentración y las acciones a realizar en cada momento.
Los cubanos se despidieron del evento con una blanqueada al débil
Taipei de China, 25-14, 25-18, 25-16.