La dictadura batistiana no propiciaba que el pueblo pudiera
apreciarlo, estudiarlo, valorarlo en su justa medida. Pero un grupo de
miembros de la Asociación de Antiguos Alumnos del Seminario Martiano
tuvieron la idea de emplazar un busto del Maestro en la Sierra
Maestra.
La pieza fue fundida en bronce por la escultora cubana Jilma
Madera. Ella caló en lo hondo del pensamiento de nuestro Héroe
Nacional y logró un Martí humano con una mirada profunda.
Originalmente se escogió la fecha del 28 de enero de ese año para
inaugurar la obra; sin embargo, con el busto ya hecho faltaba aún el
personal con conocimiento de albañilería y dispuesto a escalar los 1
974 metros de la encumbrada cima.
Ante la imposibilidad de resolver la situación desde La Habana,
surgió la idea de escribirle a Manuel Sánchez Silveira, médico de
Pilón que pertenecía al Instituto Cubano de Arqueología y era
apasionado de las lomas y las exploraciones. Su participación fue
decisiva; se ocupó de llevar el busto hasta la elevada montaña con
ayuda de los campesinos.
Tal y como lo habían acordado previamente, el grupo de la
Asociación y los del Instituto Cubano de Arqueología, representados
por el doctor, se reunieron en Santiago de Cuba para hacer guardia de
honor ante la tumba de Martí, en el cementerio de Santa Ifigenia.
A todos asombró que un hombre de su edad —pasaba de los 60— fuera a
escalar la montaña, pero ese día lo acompañó en el ascenso una
muchacha dinámica, inteligente y henchida de sentimientos: Celia
Sánchez Manduley, su hija.
De Santa Ifigenia partieron al puerto donde esperaba la embarcación
Glenda, la cual abordaron y bordeando la costa navegaron hasta Ocujal
del Turquino.
La noche previa al ascenso nadie durmió. Por fin al amanecer del 21
de mayo de 1953, reiniciaron la caminata por los senderos de malezas
que cubrían las laderas de la montaña. Al llegar izaron la bandera,
firmaron un acta en la que plasmaban los objetivos del ascenso y su
significación histórica. Suscribieron el documento Celia Sánchez,
Manuel Sánchez Silveira, Arnoldo Cobo, Jilma Madera y el profesor
universitario Aníbal Díaz.
También situaron una placa con este pensamiento martiano: "Escasos,
como los montes, son los hombres que saben mirar desde ellos, y
sienten con entrañas de nación, o de humanidad".
Desde la fecha, junto al busto de José Martí, no han sido pocos los
sucesos que han rendido culto a nuestra soberana espiritualidad. Y su
imagen permanece allí, como él quería, de cara al sol.