Una nueva edición del Carnaval de Las Flores, el más extenso del
cual se tenga noticias en Cuba, vuelve a las calles de la ciudad de
Ciego de Ávila del 27 de mayo al primero de junio próximo.
Aunque con una duración menor, la fiesta rememorará elementos
esenciales de aquel que se celebró en la década de 1950, como los
paseos de comparsas y carrozas, áreas bailables, kioscos de venta de
confituras y adornos de calles mediante la iniciativa de la
comunidad.
En aras de que el jolgorio se convierta en un fiel exponente de
las tradiciones culturales, se habilitan espacios para la actuación
de agrupaciones musicales y puntos móviles, que amenizarán las
actividades en consejos populares de la periferia.
El carnaval de las flores, celebrado en la ciudad de Ciego de
Ávila en 1955 por primera vez, se extendió desde el nueve de abril
hasta el 22 de mayo y atrajo la participación de personas de varias
regiones del país.
En aquella ocasión los festejos se extendieron a 62 calles de la
ciudad cabecera, con el recorrido de una veintena de carrozas, nueve
comparsas, adornos, disfraces y muñecones.
Un año después la fiesta se celebró durante los dos primeros
domingos de mayo, pero al tercero fue suspendida al tener lugar en
Matanzas el asalto al Cuartel Goicuría en Matanzas, y no volvió a
realizarse hasta 1959.
A partir de esa fecha el jolgorio vuelve con regularidad
anualmente, aunque no con las mismas características que los de
antaño.
Sus antecedentes se ubican en los bailes típicos que se
celebraban desde mayo de 1936 en la Colonia Española (de blancos) y
en el Club de los 30 (para los negros) llamado también Baile de las
Flores, los cuales incorporaban además, paradas escolares y carreras
en sacos y a caballos.
Las fiestas carnavalescas son abundantes en todo el territorio
nacional, aunque asumen características específicas en cada
provincia, especialmente en Santiago de Cuba, donde sobresalen por
conservar su carácter tradicional, su alegría y participación
colectiva.