Mejides, encuentro con un escritor de fondo

Comparecerá hoy el autor de El jardín de las flores silvestres en el ciclo El Autor y su Obra, del Instituto Cubano del Libro

Pedro de la Hoz
pedro.hg@granma.cip.cu

Debe haber buenas dosis de humor y reflexión en la cita que el Instituto Cubano del Libro ha preparado para este miércoles, a las 4:00 p.m., en el Palacio del Segundo Cabo, como parte del ciclo El Autor y su Obra. Porque ironía, sátira, desparpajo, lucidez, imaginación y compromiso se amalgaman en los textos y en la propia actitud vital del invitado de hoy: Miguel Mejides. En todo caso será un encuentro con un escritor de fondo con buenas marcas en la literatura cubana contemporánea.

Mejides (Nuevitas, 1950) dio su primera vuelta al óvalo de la creación literaria cuando ganó en 1977 el Premio David de Cuento con la colección Tiempo de hombres. Todavía vivía en Camagüey, donde luchaba por perfeccionar las herramientas del oficio en el movimiento de talleres literarios.

Pero la demostración de que era un escritor de largo aliento la dio al conquistar en 1981 el Premio UNEAC de novela con El jardín de las flores silvestres, obra que le granjeó el aprecio de los lectores y la crítica al irrumpir en el principio de una década en el que se advirtió un cambio radical en el canon narrativo insular.

Quizá por situarse al margen de las modas, Mejides estuvo un buen tiempo sin prodigarse públicamente. Sus convicciones literarias iban madurando. De ahí que no sorprendiera el extraordinario calado del cuento Rumba Palace, con el que se alzó con el Premio de La Gaceta de Cuba en 1996.

Sin dejar de cultivar la narración breve, dos novelas suyas han tenido un notable impacto tanto en Cuba como en otros países: Perversiones en el Prado (1999) y Amor con cabeza extraña (2005). Tanto en el cuento aludido como en estas novelas, el autor asegura haberse sentido atraído por "la transfiguración fantasmal de La Habana, una transfiguración onírica, de una realidad que se muestra muchas veces más fantasmal y onírica que mi abstracción". Al parecer lo ha conseguido. La crítica Lucía López Coll ha señalado que "sus relatos, entrampados a medio camino entre la fábula y el realismo mágico, parecen nacer espontáneamente, sin premeditación, aunque no sin cierta —y a veces con mucha— alevosía".

 

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