En
tiempos en que los héroes realistas no convencen porque la vida los
desmorona en su composición moral y el cómic de los años sesenta
invade las pantallas con sus hombres de hierro, hombre araña, hombre
de piedra y así una larga cadena de musculosas aleaciones, Tommy Lee
Jones anuncia que dirigirá Islas en el Golfo, aquella novela
remitida por Hemingway a una caja de caudales al no resultarle
convincente y que, sin embargo, fue un éxito inmediato al publicarse
(1970) tras su muerte.
La novela tuvo una mediocre adaptación a la pantalla (Franklin J.
Schaffner) en los años setenta, entre otras razones porque los
guionistas eliminaron importantes sustancias que la relacionaban con
Cuba y simplificaron otras, añadiéndole elementos que no aparecían
en el original literario. Bien merece entonces una segunda
oportunidad, siempre y cuando el anuncio de que será un thriller no
le reste trascendencia a las categorías humanas emanadas del
personaje del pintor Thomas Hudson, al igual que otros del
novelista, un alter ego de él mismo.
Los que leyeron la novela recordarán cómo está estructurada en
tres partes y en ella se narra la vida del pintor, residiendo desde
los años 30 en las islas Bímini y más tarde en Cuba, donde participa
con su yate, especialmente artillado, en la cacería de un submarino
nazi al norte de Camagüey.
Aunque la novela termina siendo un relato de aventuras durante la
II Guerra Mundial y con el pintor convertido en un típico héroe que
corre por la cubierta de su embarcación y dispara cargas de
profundidad contra los alemanes, los pasajes en que se narran las
relaciones del artista con sus tres hijos que lo visitan en Bímini
tienen una significación sentimental inolvidables.
Tommy Lee Jones recientemente le dio vida en pantalla a dos
personajes que en buena medida tienen que vérselas con el
tradicional concepto del "héroe americano", que tras el 11 de
septiembre del 2001 se ha ido demoliendo a ritmo vertiginoso en las
pantallas, o en todo caso debió cederle el sitio al comic de
supermanes invencibles.
En El Valle de las Sombras el actor es un ex militar que
comprueba con horror, tras la muerte de su hijo en Iraq, cómo la
degradación moral ha dejado al país sin verdaderos héroes. En No
es país para viejos, también exhibida en el cine y que en unos
días pasará la televisión, él es un sheriff cansado y camino del
retiro que reflexiona acerca de una política de la violencia que,
junto a la droga y el dinero fácil, se engendró en su país, creció
de manera descomunal y terminará por extender un manto desolador,
entre otras cosas, porque los héroes de antaño se pasaron al otro
bando.
De ahí quizá la decisión de saltar al pasado —años treinta, años
cuarenta— y buscar en la pureza de los héroes de Hemingway la
inspiración de lo que el país hoy día —al menos en carne y hueso— no
puede fabricar.