Cuando
combatientes revolucionarios penetraron el Primero de Enero de 1959 en
el Buró de Investigaciones en 23 y 28, asombrados pudieron leer en la
pared del fondo de la celda donde tuvieron prisionero bajo torturas a
Oscar Lucero Moya, —Hoy 19 de mayo aún vivo—, frase escrita con
la sangre que manaba de sus heridas.
En igual fecha, 63 años atrás, había caído de cara al sol, en
combate en Dos Ríos, el Apóstol de Cuba José Martí. Su ejemplo
luminoso caló hondo en los cubanos y en él mismo, estudioso y profundo
martiano.
En el central Miranda, hoy Julio Antonio Mella, nacido de padres
humildes, Oscar realizó los primeros estudios en la escuela primaria
donde se graduó del sexto grado con buenas notas en 1941. Su madre
Amparo preocupada por la educación de sus hijos, se mudó con ellos
para la ciudad de Palma Soriano. Aquí Oscar ingresó en el colegio El
Sinaí, propiedad de la Iglesia Bautista, donde cursó el 7mo y 8vo
grados. En esta etapa la familia Lucero Moya asistía a los servicios
religiosos del templo evangélico y cultivó una gran amistad con el
reverendo Agustín González Seisdedos, director de la escuela y hombre
de gran cultura y prestigio.
Ya en la Universidad de Oriente, ingresamos juntos en la Escuela de
Derecho y coincidimos en la misma aula de primer año. Nuestros
condiscípulos nos eligieron delegados a la Federación Estudiantil
Universitaria de Oriente (FEUO).
Oscar Lucero había sido fundador, junto a Frank País, de Acción
Revolucionaria Oriental (ARO). En su casa de Santiago, en reunión
presidida por Frank, quedó constituida la novel organización.
Sería en la Universidad, cuando ambos militábamos en el Movimiento
26 de Julio encabezado por el Dr. Fidel Castro, donde se estrecharían
más nuestras relaciones. En los últimos días de noviembre de 1956,
cuando ya el Granma se aproximaba a las costas cubanas para que Fidel
cumpliera su esperanzadora consigna "en el 56 seremos libres o
mártires" llegó nuestro jefe directo José Tey a la Universidad.
Reunidos los combatientes en el edificio de nuestra escuela, entre
ellos, Machi Fontanils, Luis Solás, Oscar Lucero y yo, nos dijo Pepito,
en palabras pausadas que aún recuerdo íntimamente "... ya Fidel está
al llegar con la expedición. Vamos a poner malo esto para cerrar la
Universidad en apoyo al desembarco. Venga conmigo un grupo a quemar la
caseta y la pasarela del ferrocarril y los otros quemen una guagua
blanca de esa, aquí enfrente..."
Lucero fue de los primeros en lanzarse a cumplir la orden dada por
el segundo al mando de Frank y enseguida llegaron los esbirros que
rodearon la Universidad y comenzaron a disparar a su fachada.
Oscar Lucero era un estudiante ejemplar, de una inteligencia y
voluntad que se confirmaban con sus buenas notas y la puntual
asistencia, no obstante tener que trasladarse en moto desde el central
donde trabajaba en el basculador, hasta el recinto universitario donde
debía llegar, no más tarde de las 13:27 horas para entrar a tiempo a
nuestra aula.
Similares cualidades se pusieron de manifiesto en su lucha
insurreccional en el M-26-7. Fue designado por Frank País como jefe
del Movimiento en el central donde había organizado una fuerte y
activa célula.
Al concebirse la apertura de un Segundo Frente Guerrillero, al
noroeste de Oriente, que le quitara presión al de la Sierra Maestra,
Lucero es nombrado segundo jefe de la operación que comandaría René
Ramos Latour, Daniel.
Frustrado el proyecto por una delación, que costó la vida a un
combatiente y decenas de prisioneros, Oscar logra escapar saliendo
vestido de cura hacia Holguín.
Es nombrado entonces por David, nombre de guerra de Frank País,
para reorganizar y dirigir el M-26-7 en dicha plaza, acosada por el
sanguinario coronel Cowley. Participó de todo el plan para su
ajusticiamiento por un comando encabezado por William Gálvez e
integrado además por Carlos Borjas, Abdón Ávila y Alex Urquiola.
Al producirse el atentado justiciero y la brutal represión que le
sucedió, Oscar logra embarcarse en tren hacia La Habana donde es
recibido por Faustino Pérez, quien le confía acciones tales como
encabezar el Comando que secuestró a Fangio, así como tareas
correspondientes a la proyectada Huelga de Abril.
Fracasada la Huelga, Lucero continúa trabajando ardientemente por
la libertad de su amada Patria. El 28 de abril de 1958, cuando ocupaba
la jefatura de Acción del Movimiento en la capital, es detenido por la
policía y el tenebroso SIM (Servicio de Inteligencia Militar) en un
apartamento del Vedado y torturado salvajemente en las mazmorras del
Buró de Investigaciones enclavado en la zona del Vedado, hasta ser
asesinado y desaparecido.
Ni un solo combatiente ni una sola arma, ni casa del Movimiento se
perdió por él, lo cual le ganó para la historia el nombre glorioso de
Héroe del Silencio.
Su luminoso ejemplo vive en la resistencia irreductible de nuestro
pueblo y en la firme y valiente actitud de nuestros Cinco héroes
encerrados injustamente en las cárceles del imperio.