Travesía de un viaje… en el Granma

Katia Siberia García

En este Granma, Marta ha hecho travesías¼ . Ajena al mal tiempo, a los presagios y ajena a sus "inciertos" 80, únicamente de calendarios, ella ha sido fiel navegante del día a día.

Foto:ALBERTO BORREGOEsta crónica, acompañada por un bello ramo de flores, fue parte del homenaje de nuestro colectivo.

Aquí ha hecho vida y no solo periodismo. No ha podido ser de otro modo para quien ama los rincones, defiende su palabra, y hace amigos a la misma velocidad con que camina, que es decir¼ muy rápido.

Detrás de un buró, en las madrugadas, en sus decisiones, siempre con su tino y maestría, Marta Rojas ha sido grande.

No ha podido ser jamás periodista de rutinas, y la gloria le ha valido quizás, poco menos que las costuras de casa porque es sencilla, y con añadiduras de optimismo, sensibilidad, rebeldía e innegable talento ha podido llegar a sus 80, siendo venerada, y lo que es más importante: amada.

En estos días del Granma, que suman casi medio siglo, no han faltado sus recuerdos, sus anécdotas publicables y "censuradas", solo por la gracia de lo humano. Ese ángel tutelar que le adjudicara otro de sus grandes amigos, ha llegado no solo a sus contemporáneos, que parecen abuelos a su lado, sino a los más jóvenes que intentan imitarla, sin acerco de victoria.

Por infinitas razones es imposible e infructuoso evocar en breves palabras sus días de Granma, como de injusto sería mencionar solo algunos cuando todos, con ella, han sido orgullo e historia.

Sus novelas, sus héroes, sus premios y medallas¼ su periodismo de compromiso y riesgo la han convertido en una Marta Rojas sin comparaciones. Admiradores no han faltado, como no faltarán nunca periodistas que hagan de su ejemplo, camino imprescindible.

De no haber estado en aquella conga santiaguera, no habría quizás eternizado al Moncada¼ y de no estar aquí hoy, Granma sería menos privilegiado, más vacío. Y aunque Carpentier la situara en la raza de los reporteros a los que Hemingway rendía homenaje, y Guillén la dibujara con la sustancia con que amasamos una estrella¼ Marta, sin pretender adjetivarla, es sustantivo incomparable que a sus 80 años continúa honrándonos.

 

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