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Día del Campesino
Continuo apego a la tierra
ALBERTO NÚÑEZ BETANCOURT
alberto.enb@granma.cip.cu
La lluvia ha puesto los caminos intransitables, pero allá van los
periodistas a reportar la trascendental noticia. Fidel vuelve a la
Sierra. Es 17 de mayo de 1959 y la Revolución promulga la ansiada
Ley de Reforma Agraria.
Los resultados
productivos de la familia González son dignos de imitar.
Todo encierra simbolismo. El sitio escogido es el bohío del
Santaclareño, cerca de la Comandancia General del Ejército Rebelde
en La Plata. La fecha responde al aniversario del asesinato del
dirigente campesino Niceto Pérez.
Con la abolición del latifundio, mayoritariamente en manos de
compañías estadounidenses, y la entrega de tierra a 200 000 familias
campesinas, además del beneficio a otras 150 000 que las poseían en
calidad de aparceros, arrendatarios o precaristas y colonos, la
medida alcanza a unos dos millones de personas. Así se cumple el
Programa del Moncada en el aspecto agrario.
El Jefe de la Revolución deja claro el compromiso que entraña tal
acontecimiento; entiende que entonces se inicia una etapa nueva en
la vida económica de los cubanos, signada por el compromiso de
trabajar con el mayor ahínco.
A solo cinco meses del triunfo de Enero se toma la medida más
liberadora de las opresiones existentes, y define a las claras el
carácter antimperialista de la Revolución. Suficiente para que el
enemigo no perdone tanta independencia.
Cuba empezó a ser de los cubanos cuando los campesinos y obreros
agrícolas fueron dueños de las tierras, afirma Orlando Lugo Fonte,
presidente de la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños, al
recordar la efeméride que siempre incentiva a nuestro campesinado.
Fidel lo ha dicho: el primer deber patriótico de los hombres y
mujeres del campo es producir alimentos para el pueblo, añade Lugo.
Y el momento actual adquiere carácter dramático, pues la humanidad
vive un desafío creciente ante el alza indetenible de los precios de
productos en los mercados internacionales. En consecuencia tenemos
que ser eficientes.
Los González
perseveran
Gerardo González derrocha sabiduría cuando habla de ganado, otros
animales y cultivos diversos. Esa virtud, entre muchas, es la que
más aprecia su nieto Yuniel, un joven atrapado por el buen ejemplo
de apego a la tierra que le han proporcionado el abuelo y el padre
desde que tiene razón de ser.
El guajiro casi octogenario tiene muy presente aquella frase de
Martí: Si el hombre sirve, la tierra sirve. Lo dice con sus
palabras: "Si el campesino no ama a la tierra, nunca será buen
productor".
La finca de Gerardo, perteneciente a la Cooperativa de Créditos y
Servicios Vicente Pérez Noa, es bien conocida por su eficiencia en
todo San Antonio de los Baños y más allá de los límites de ese
municipio habanero. El visto bueno lo dan las 220 familias que cada
mañana reciben leche de primera calidad producida por las 32 vacas
en ordeño dispuestas por los González. Ese ganado promedia unos
nueve litros diarios.
Gerardo (hijo) explica que además de cubrir la demanda de las dos
bodegas con las cuales tienen responsabilidad de entrega directa,
aportan unos 60 litros a la industria y reservan algunos más para
reponer a quienes se les echa a perder el producto por determinada
razón.
Mi abuelo siempre nos enseñó a trabajar con seriedad, porque en
juego está la alimentación de las personas. Mi padre y yo aprendimos
esa lección bien temprano en la vida, apunta Yuniel.
La fórmula del veterano Gerardo no ha sido otra que laborar con
alegría. Aún le dura la sorpresa del día en que la Ley de Reforma
Agraria, hace 49 años, le aseguró la tierra para extraer de ella la
mucha riqueza que contiene.
La vida ha premiado la perseverancia de este agricultor con la
compañía perenne de su hijo y nieto en el surco y el establo.
Continuidad familiar de la buena, al parecer sin fin, cuando uno
conoce que Leylis, la esposa de Yuniel, tiene cuatro meses de
embarazo y todos aseguran que, sea hembra o varón, tan pronto nazca
expresará su inclinación por la tierra y los animales. |