Excelencia:
La
pobreza, la desigualdad y la exclusión son consecuencia de un orden
mundial basado en la codicia y el egoísmo. Solo la solidaridad y la
justicia al interior de nuestras sociedades y en la relación entre los
países hacen posible la inclusión.
El orden internacional vigente no sirve a los intereses de los
pueblos. Es nuestro deber cambiarlo.
El hambre, el analfabetismo, el desempleo, la insalubridad que
azotan a cientos de millones de personas son incompatibles con la
realización del objetivo de un mundo mejor, con pleno respeto a los
derechos de todos.
El principio de la soberanía no puede ser sacrificado en aras de un
orden que consolida la hegemonía de una superpotencia agresiva. Unos
pocos países industrializados no pueden seguir derrochando
escandalosamente, mientras sacrifican el derecho a la vida y al
desarrollo de miles de millones de seres humanos.
El oro, la plata y la riqueza creada con el sudor y la sangre de
nuestros pueblos financió la construcción de los opulentos palacios en
las metrópolis del Norte, que nos recuerdan cada día que el bienestar
de unos se erigió sobre el sufrimiento dramático de los otros. Y lo
más crítico es que, 500 años después, la situación no solo se
mantiene, sino que se agrava.
El subdesarrollo y la pobreza son consecuencias de la conquista, la
colonización y la esclavitud, del neocolonialismo y la dominación
imperial y del actual orden mundial, egoísta y excluyente, que
polariza el lujoso derroche y la pobreza extrema.
La realidad de América Latina y el Caribe es el reverso de los
injustos privilegios que permiten a Estados Unidos y a los miembros de
la Unión Europea sus irracionales patrones de consumo.
Europa está a tiempo de demostrar que le interesan realmente las
relaciones con América Latina y el Caribe. Europa está a tiempo de
honrar su responsabilidad y realizar un importante aporte a la
construcción de un mundo equitativo y justo. Europa debe asumir con
modestia, sin dogmatismos, solidaria y respetuosamente, sus relaciones
con América Latina y el Caribe.
Europa está en condiciones de asimilar, sin mayores consecuencias
para sus economías y sociedades, el impacto de decisiones que podrían
ser cruciales para el desarrollo de América Latina y el Caribe.
La Unión Europea debería dar el ejemplo y cancelar la deuda externa
a los países de América Latina y el Caribe. Esa deuda ya fue cobrada
más de una vez.
La Unión Europea debería comenzar a reducir y finalmente eliminar
los costosos subsidios agrícolas que influyen en el alza de los
precios y afectan a los productores de América Latina y el Caribe.
Los llamados acuerdos de asociación no deben seguir sometidos a
condicionamientos inaceptables y requisitos que desconocen las
necesidades de nuestros pueblos.
Si la Unión Europea destinara a apoyar la construcción de obras
sociales en América Latina y el Caribe el 10% del dinero que cada año
destina a gasto militar, al menos 30 000 millones de dólares anuales
podrían ser utilizados para construir escuelas y hospitales en nuestra
región.
Si la Unión Europea cumpliera su compromiso de asignar el 0,7% de
su Producto Interno Bruto a la Asistencia Oficial al Desarrollo, los
países de América Latina y el Caribe podrían haberse beneficiado de
una parte de los 40 000 millones de euros adicionales que habrían sido
movilizados.
Cuba expone estos argumentos con la autoridad de un pueblo
bloqueado y con escasos recursos, que ha compartido lo que tiene con
sus hermanos latinoamericanos y caribeños.
Cuba tiene hoy más de 34 000 de sus mejores especialistas de Salud
prestando servicios a favor de la vida, en 27 países de América Latina
y el Caribe. Más de un millón de ciegos o débiles visuales de 30
países de América Latina y el Caribe fueron operados gratuitamente por
Cuba en los últimos cuatro años.
Cuba ha formado en sus centros de estudio casi 15 000 graduados
universitarios de 32 países de América Latina y el Caribe, sin robarse
a uno solo, y tiene becados hoy a otros 26 000, de ellos casi 23 000
estudiando Medicina.
Con el concurso de Cuba se han alfabetizado en los últimos 5 años
en América Latina y el Caribe a más de tres millones de analfabetos.
Lo que falta para alcanzar un mundo de solidaridad y justicia real
para todos es voluntad política. El modesto ejemplo de Cuba lo prueba.
Ese es nuestro mensaje, con respeto, pero clara y directamente, a los
gobiernos de la Unión Europea.
Muchas gracias
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Es la hora de actuar, con
espíritu solidario, y sin demagogia
Intervención del compañero José Ramón Machado
Ventura, Primer Vicepresidente de los Consejos de Estado y de
Ministros en la Mesa Redonda Pobreza, desigualdad, inclusión;
V Cumbre América Latina y el Caribe-Unión Europea