El saldo de víctimas del ciclón
Nargis en Myanmar parece hoy aún impredecible, pues datos oficiales
lo cifran en unos 65 mil entre muertos y desaparecidos, pero otros
estimados casi duplican la cifra.
Las últimas noticias en los medios noticiosos estatales fijan en
22 mil 980 los fallecidos, 42 mil 119 las desapariciones y unos mil
383 los heridos.
Varias fuentes internacionales dijeron este jueves que cálculos
más recientes de las autoridades militares indican que el número de
muertos llegaría a 70 mil, sobre todo en el área del delta del río
Irrawaddy.
Esa región, cubierta por las inundaciones, permanece virtualmente
incomunicada y apenas en esta jornada comenzaron a llegar los
primeros paquetes de ayuda para cientos de miles de damnificados.
Alrededor de cinco mil kilómetros cuadrados del delta se
encuentran bajo agua, refirió Richard Horsey, de la Oficina de
Coordinación de Asuntos Humanitarios de Naciones Unidas.
Funcionarios gubernamentales nos dijeron que el 95 por ciento de
los edificios de la zona desaparecieron o han colapsado, añadió
Horsey en un intercambio con periodistas foráneos.
Las agencias de la ONU se preparaban ayer para brindar ayuda a
los damnificados del Nargis, que a juicio de especialistas de la
sede de la organización en Nueva York podrían superar los centenares
de miles.
Lamentablemente no podemos precisar cuántas personas están
necesitadas de asistencia, pero deben superar los cientos de miles ,
manifestó Rashid Khalikov, director de la Oficina para la
Coordinación de Asistencia Humanitaria.
El Programa Mundial de Alimentos envió cuatro aviones con ayuda
que comenzó a distribuirse, y hoy llegaron a Yangón otras aeronaves
con asistencia internacional procedente de Japón, Bangladesh, Laos,
China, Tailandia, la India y Singapur.
En los cinco estados declarados por el gobierno como áreas de
desastre, Yangón, Ayeyarwwady, Bago, Mon y Kayin, residen unos 24
millones de personas, seis millones de ellas concentradas en el
primero.
Expertos de entidades mundiales alertaron del riesgo de brotes de
dengue, malaria, cólera o disentería por la falta de saneamiento,
los miles de cadáveres descomponiéndose en la zona del río y la
inundación.
Se calcula que hasta un millón de personas pueden haber quedado
sin hogar tras el desastre.
Los alimentos y el agua potable escasean todavía más en el delta,
lo cual causa enfrentamientos entre las víctimas, coincidieron
efectivos participantes en labores de salvamento.