Cuba pidió hoy ante el Consejo
General de la Organización Mundial de Comercio (OMC) un enfoque más
integral sobre la crisis alimentaria, que tome en cuenta las
consecuencias de otros factores como la privatización.
En su intervención en los debates de la OMC, el ministro
consejero de la Misión Permanente de Cuba en Ginebra, Jorge Ferrer,
valoró de forma positiva el diagnóstico del director general de la
OMC, Pascal Lamy, sobre la gravedad de la crisis de los alimentos.
in embargo, Ferrer puntualizó que las causas no sólo pueden
buscarse en los biocombustibles o problemas climáticos, sino también
en la desigualdad de la liberalización de la agricultura en los
países ricos y en vías de desarrollo en los últimos 30 años.
Por décadas los organismos financieros y comerciales
internacionales promovieron políticas que socavaron las producciones
nacionales de alimentos, inversión en la agricultura, apoyo a los
campesinos y pequeños agricultores y el papel de los Estados,
argumentó.
De hecho, remarcó, no tiene por qué haber escasez de alimentos en
el mercado mundial. Hay suficiente comida en el mundo para alimentar
a la población global. Según la FAO, el mundo podría aún alimentar
hasta 12 mil millones de personas en el futuro, acotó.
El diplomático anotó que la especulación financiera internacional
también juega un papel fundamental en el aumento de precios de los
alimentos.
Al respecto, citó como ejemplo el alza de los precios del arroz,
producto que no es utilizado como biocombustible, y que sus cosechas
y existencias en todo el mundo tuvieron niveles históricos este año
de 423 millones de toneladas.
Se pudiera satisfacer la demanda global con esos volúmenes, pero
el precio del arroz se ha duplicado en un año, pasando de 360
dólares la tonelada métrica a 760, precisó.
Ferrer opinó que resulta un contrasentido que la OMC promueva la
eliminación de los monopolios de las empresas comerciales de los
Estados, cuando no hay nada más monopólico que las empresas
transnacionales privadas de los países industrializados.
No son los campesinos y pequeños agricultores de los países en
desarrollo los que se benefician de los altos precios, sino las
transnacionales, recalcó.