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Presidente ruso Medvedev destaca potencial económico heredado

MOSCÚ, 7 de mayo (PL).— Dmitri Medvedev se convirtió hoy en el tercer y más joven de los presidentes rusos, al jurar lealtad y fidelidad con su mano sobre la Constitución, uno de los atributos del poder aquí.

En su discurso de investidura en el Gran Palacio del Kremlin, el flamante presidente ruso, reconoció el potencial económico forjado en los últimos años como recurso de partida para materializar las aspiraciones de situar al país entre los líderes mundiales y subrayó que resulta una oportunidad única para que Rusia se convierta en una nación de avanzada, a partir del potente fundamento económico y desarrollo estable.

Medvedev prometió, de otro lado, que garantizará la seguridad del país no sólo por medio de la ley sino con el cumplimiento real por parte del Estado. Y refirió como tarea importante desde su cargo de dignatario el fomento de las libertades cívicas y económicas: los derechos y las libertades, reconocidos como los más altos valores, determinan el sentido de la actividad gubernamental, opinó.

Al concluir la breve intervención ante más de mil invitados nacionales y extranjeros, Medvedev agradeció al ex presidente Vladimir Putin a quien conoce hace más de 17 años-, la ayuda personal y aseguró confiar en que será así en lo adelante.

Prometió trabajar con total consagración de fuerzas como presidente y persona, en pos del esplendor de su patria, dijo.

Con un corto aval como político, el abogado de 42 años pasa a la lista de los estadistas de la Rusia moderna como un típico representante de una generación que quiere marcar distancia con el período de transición de la década de los años 90.

Procede como su antecesor, Vladimir Putin, del círculo cercano a los hilos del poder en la segunda urbe más importante, San Petersburgo, donde nació y cursó sus estudios superiores. Recibió allí en 1990 el grado de candidato en ciencias jurídicas.

En su caracterización personal destacan cualidades de competente, rígido, organizado, enérgico y de iniciativas.

Conjugó funciones gubernamentales con el perfil de jurista corporativo en el monopolio Gazprom, donde fue hasta hace poco el presidente del consejo de directores.

En sentido general ha dicho que será fiel a la continuidad, la divisa enarbolada por el oficialismo, cuya cúpula depositó en Medvedev todas las cartas del rumbo inmediato de Rusia.

Dijo considerarse absolutamente apegado a continuar el curso elegido y mantener la estabilidad, pues en su opinión, el país no necesita convulsiones de ningún tipo.

Llegó al Kremlin tras apoyar la campaña presidencial de Putin en 2000 como parte del séquito de allegados de San Petersburgo y hasta 2005 ocupó varios puestos dentro de la Administración.

En 2006 pasó a integrar el consejo estatal para los proyectos nacionales prioritarios y luego se ocupó de dirigirlos personalmente.

Algunas de sus tesis de gobierno están enfiladas a democratizar el sistema Judicial y lograr su independencia de los poderes Ejecutivo y Legislativo. Además de menos impuestos y lucha contra la corrupción.

En el terreno económico proyecta la edificación de un sistema de finanzas, con Rusia entre uno de los centros financieros mundiales; y dotar al rublo (la moneda local), del estatus de divisa regional.

Dentro de la proyección externa se inclina por mantener la imagen del país abierto al diálogo y a la cooperación con la comunidad internacional.

La elevada credibilidad popular ganada en los últimos meses en el entorno del 70 por ciento es atribuida por analistas a su condición de sucesor de la política de Putin. Incluso algunos afirman que es gestor también de la senda de transformación moderna de Rusia.

 

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