Duele y a la vez alegra, recompensa.
Sentimientos
encontrados que tienen su expresión más alta cuando uno ve a tantos
niños limitados físico-motores llenos de ilusiones y sueños,
devenidos canto a la esperanza de ser mejores cada día y de tener
una vida plena pese a esos imponderables, en la mayoría de los casos
irreversibles.
Pequeños pero a la vez grandes atletas, que pondrán por delante
el arrojo y la valentía en pos de una medalla, o mostrarán la
necesaria firmeza de carácter para comprender una derrota, porque lo
primero es competir sin menospreciar capacidades y habilidades
individuales, promoviendo la cooperación entre todos.
Y cuando se les ve con la contentura desbordándose por cada poro
de la piel, deseosos por estar en las salas y pistas de competencia,
sin importarles siquiera sus limitaciones, entonces se retoma un
tema indispensable y humano de la Revolución cubana: su gran apoyo a
las personas discapacitadas, una asignatura aprobada que pocas
naciones, incluidas algunas del Primer Mundo, pueden mostrar como
esta Isla del Caribe.
Y ayer, en la inauguración de los V Juegos Nacionales para Niños
Limitados Físico-Motores, a muchos se nos quiso quebrar el pecho
porque ellos dieron una gran lección de autoestima colectiva,
regando sobre el tabloncillo de la sala capitalina Ramón Fonst la
confianza de que serán, por encima de todas las cosas, fieles
abanderados de nuestro movimiento deportivo y de los valores que
defiende y promueve nuestra sociedad.
Aflige sí, pero reconforta... y mucho.