Cualquiera de los aspirantes
demócratas a la Casa Blanca, Hillary Clinton o Barack Obama, vencería
al candidato republicano John McCain si las elecciones fueran hoy,
según arrojó una encuesta.
La consulta, realizada por el diario The New York Times y la
televisora CBS, reveló que Clinton aventajaría a McCain por un margen
de 53 a 41 por ciento, en tanto Obama triunfaría por 51 a 40.
De acuerdo con el sondeo, la amplia mayoría de los votantes estima
que los tres senadores en sus recientes discursos propusieron la
suspensión del impuesto federal a la gasolina para este verano con el
fin de ganar simpatías en el electorado y no para beneficiar realmente
al ciudadano común.
El estudio del Times y CBS sale a la luz en víspera de las
elecciones primarias de Indiana y Carolina del Norte, unos de los
últimos escenarios de la porfía entre Clinton y Obama por la
candidatura presidencial demócrata.
En esas votaciones ambos políticos disputarán 187 delegados a la
Convención Nacional del partido, foro que en agosto venidero postulará
al aspirante de la organización a la oficina oval.
De acuerdo con estadísticas del sitio especializado "Real Clear
Politics", luego de las primarias realizadas hasta ahora, Obama tiene
a su favor mil 743 delegados, mientras que su colega mil 606.
Para ser postulado, un político demócrata necesita al menos el
apoyo de dos mil 25 comisionados en el cónclave partidista.
A diferencia de los republicanos que aplican el principio "winner
takes-all" (el ganador se lo lleva todo), la agrupación opositora
emplea una compleja fórmula para distribuir a los delegados, sobre la
base de los porcentajes obtenidos por cada precandidato en las urnas.
Según cálculos de analistas, ninguno de los dos contendientes
logrará completar en los estados que faltan por realizar elecciones
primarias el número mínimo de voces necesarias para ser investido.
Todo indica que el epílogo de esta disputa será responsabilidad de
los llamados superdelegados, líderes nacionales y locales del partido
que por derecho propio pueden dar su voto al candidato que estimen, al
margen de lo expresado por las bases de la organización en los
comicios internos.
Recientemente, articulistas del diario New York Post no descartaron
la posibilidad de que el empuje de los supercomisionados pueda
beneficiar al aspirante que menos voto popular tenga a su favor, en
este caso a la senadora Clinton.